viernes, 17 de febrero de 2012

El Matrimonio Homosexual en la realidad actual

El tema está actualmente sobre el tapete, con especial énfasis en el primer mundo, y es importante fijar una posición respecto a si procede o no legalizar la unión entre dos personas del mismo sexo, ya que formamos parte de la sociedad mundial y tenemos voz y voto en la misma, por la membresía que nos da el hecho de ser humanos conscientes y protagonistas de nuestro tiempo, contexto y vida. A continuación se resumen algunas de las posiciones de los grupos que se oponen a su legalización (texto en color negro) y puntos de vista diferentes, que apoyan la legalización de la unión homosexual (argumentos en color azul):

-> El término “matrimonio” perderá su significado al legalizarse la unión de dos personas del mismo sexo. Es cuestión de semántica.
<- Sí, es cuestión de dar el correcto significado al término, cuyo origen latino, matris munium, equivale a “cuidado de la madre” (Significado que no incluye al otro sexo). Es importante mencionar que muchos activistas prefieren utilizar el término “unión civil” en vez de la palabra matrimonio.


-> El papel social del matrimonio tradicional es que supone un compromiso formal, indisoluble y para toda la vida.

<- Sólo en teoría es así. Estadísticamente, el número de divorcios compite con el de actos matrimoniales, ya que una misma persona puede casarse una y otra vez, si deshace legalmente la unión anterior. Sin hablar de los casos de adulterio, poligamia, concubinato y otras realidades sociales y culturales que afectan dichas estadísticas.

-> La reproducción a través de la familia garantiza la supervivencia de la especie humana. La unión gay no puede generar hijos, es estéril.
<- Las personas que conforman una pareja gay no son necesariamente estériles. Por otra parte, pueden llegar a establecer esa relación de pareja ya con hijos propios o tenerlos dentro de ella, fecundando a una persona del sexo opuesto con previo acuerdo entre las partes, o usando la fertilización in vitro, entre otros recursos científicos. Además, una pareja heterosexual no siempre se une para “perpetuar la especie”, lo cual aplica por igual para una pareja homosexual.

-> El matrimonio heterosexual es constitucional, el gay no. La ley internacional del matrimonio lo dice claramente en uno de sus postulados: “el hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica”. El derecho legal sobre los bienes comunes, en el caso de una pareja gay, no necesita del matrimonio, porque puede quedar definida por las partes firmando un acuerdo ante notario y registro público.
<- Obviamente la unión gay no es constitucional, porque aún no existe una ley mundial a favor del matrimonio del mismo sexo que asegure los derechos de ambos cónyuges. Su ausencia perjudica actualmente los derechos (en caso de muerte) de la pareja sobreviviente, que queda desposeído a favor de los herederos del difunto. La falta de esa ley también impide el reparto legal y equitativo de los bienes en vida, en caso de separación, o poder asegurar el bienestar de los hijos adoptados por la pareja gay, cuando ésta termina por cualquier causa. De ahí la lucha por alcanzar la aprobación de esta ley.

-> El matrimonio pierde credibilidad si se legaliza la unión gay, por la inestabilidad y promiscuidad que caracteriza a esta última. Además, la demanda social no justifica que se legalicen las uniones gay, porque el acto del matrimonio es mayoritariamente heterosexual en todo el mundo, donde la población homosexual sólo representa una minoría.
<- No se ha censado la población gay mundial, por razones obvias. Tampoco se ha medido el nivel de promiscuidad asociado con cada orientación sexual. Por otra parte, el argumento de que la demanda social no justifica dicha legalización atenta contra los derechos humanos de las minorías y, por ende, las discrimina.

-> El matrimonio heterosexual, por ser monógamo y estable, es el principal obstáculo para que la población gay aumente su poder dentro de la sociedad, que abarca moda, ocio, turismo, sexo, distracción, comunicación e íconos. De ahí el empeño gay en equipararse legalmente con la mayoría heterosexual, para acrecentar su poder sobre la sociedad de consumo y pasar a ocupar esa posición de mayoría.
<- Es innegable que la popularidad creciente de la “moda gay” a nivel mundial merece un estudio más profundo que la simple asociación con una búsqueda de poder. Y aún en este caso exige un análisis sociocultural mucho más amplio. La preocupación sobre el tema gay hace evidente esta necesidad. Y no puede obviarse en dicho análisis que todavía no se ha comprobado científicamente la causa u origen de la orientación homosexual, o no habría polémica al respecto. Además, la palabra “estable” como una generalización del matrimonio heterosexual es cuestionable.

-> Hacer legal la unión gay equivale a limitar la libertad de expresión y penalizar a quien desafíe lo homocorrecto. Es decir, aumentar el poder de los activistas gay sobre la población heterosexual y discriminar a ésta.
<- ¿Acaso este debate no surge por la discriminación que la sociedad hace de la persona homosexual, a quien penaliza de muy diversas maneras por no ajustarse a lo heterocorrecto?.

-> El deseo de supremacía gay busca destruir la única institución que tiene el poder de traer hijos al mundo, la sagrada institución del matrimonio, para hacerse con ese poder.
<- El calificativo de “sagrada” es, por decir poco, algo subjetivo y relativo, imposible de probar. Cabe mencionar que el matrimonio institucionalizado vino a reemplazar el papel mayoritario del concubinato, como fórmula social de unión de pareja, solamente desde principios del siglo XIX. Y no puede afirmarse que el matrimonio sea la única institución con el poder de engendrar, ya que no es despreciable la cantidad de hijos nacidos fuera del matrimonio civil o religioso, a nivel mundial, en cualquier época.

-> De validarse la unión legal dentro del mismo sexo, la aprobación de adopción para esas parejas será la siguiente victoria gay, lo que aumentará el número de homosexuales y dañará a esos hijos adoptados con trastornos de identidad de género o posibles abusos sexuales paternos. Además, sufrirán por el rechazo y los prejuicios del resto de la sociedad.
<- Tales prejuicios y ataques de la sociedad contra el individuo gay es lo que justifica la lucha para que social y legamente no se le discrimine. La conducta homosexual, los trastornos por identidad de género y toda la cruel vivencia de quienes son actualmente rechazados por su orientación sexual, son una patética realidad, cuando todavía no existe la legalización de la unión gay o la aceptación social de dicha condición. Por objetividad se impone la igualdad de los derechos humanos, sea la persona gay o no.

Desde esta óptica de validación civil y religiosa de la unión entre dos personas, óptica afectada por todo lo que atañe al sexo de los contrayentes, y a la discriminación por edad, estatus, miedo a los cambios, rechazo a lo diferente, defensa de la igualdad, reputación, derechos humanos, intereses económicos, paradigmas culturales, dogmas religiosos, conveniencias políticas o lucha de poder, entre tantos otros factores, es que el tema del matrimonio entre personas del mismo sexo levanta la polvareda que lo hace acreedor a figurar entre los temas polémicos que ocupan a la sociedad actual y a este blog, abierto a cualquier comentario y aporte nutritivo por parte de nuestros lectores.

Escrito por: Gustavo Löbig


Resultados de la Encuesta:


martes, 24 de enero de 2012

El Lado Humano de quienes viven con VIH

Desde que supe que en mi organismo habitaba un cuerpo extraño que poco a poco iba aniquilando mis defensas comencé a librar una feroz batalla contra ese poderoso enemigo y decidí no darle tregua a su avance de destrucción. Fue así como comenzó un proceso de aceptación y transformación de todo mi ser para darle fuerza a mi cuerpo y espíritu. No fue fácil sobrellevar esta pelea solo puesto que no tenía las herramientas. Busqué información, busqué ayuda y la conseguí en quienes menos lo esperaba. Gracias a esta experiencia supe identificar a mis verdaderos amigos y deseché aquello que no le aportaba valor a mi vida. La batalla siguió y se transformó en guerra, solo que ahora estoy más fortalecido y dispuesto a ganarla. Pero lo más importante es que en este nuevo andar por la vida advertí mi gran potencial como ser humano, de lo que soy capaz de dar y hacer por la humanidad, y por sobre todas las cosas descubrí mi gran capacidad de amar

Que mejor forma de comenzar este tema que con la profunda reflexión de un gran amigo a quien respeto y admiro por su gran calidad humana, y que vive con el virus del VIH desde hace unos 20 años. Así como él existen aprox. 34 millones de personas entre niños, jóvenes y adultos, que viven con esta condición de salud en todo el mundo (según cifras del unaids.org); en Latinoamérica se contabilizaron 1,5 millones para 2010 y la cifra sigue creciendo. Como bien se sabe este virus no discrimina entre sexo ni raza, y aunque se le ha relacionado con un mal exclusivo de los homosexuales se ha demostrado que la tendencia se ha revertido atacando a la población heterosexual por igual. Aquellos intentos de los movimientos homofóbicos y ultrarreligiosos por tratar de banalizar el VIH/SIDA etiquetándolo de forma despectiva como el “cáncer gay” o la ira de Dios sobre la “Sodoma y Gomorra del Siglo XX” se quedaron hoy sin argumentos para seguir manipulando a la gente con sus ideas llenas de odio y verdadera maldad. Recordemos además que el mismísimo Papa Benedicto XVI ha repudiado el uso del preservativo por considerarlo pecaminoso, y no fue sino hasta finales de 2010 cuando después de fuertes protestas tuvo que flexibilizar su posición, lo cual demuestra su total desagrado por el tema, atentando con desencadenar una epidemia mundial con sus retrógrados sermones.

Mucho se ha dicho y escrito sobre los avances, estudios científicos, tratamientos, etc., pero lo cierto es que hoy en día esta ‘enfermedad’ (y lo pongo entre comillas simples pues el VIH por sí solo no es una enfermedad) sólo puede ser controlada con medicamentos antirretrovirales los cuales son proporcionados gratuitamente por muchos de los gobiernos de países desarrollados y algunos en vías de desarrollo, los cuales han tenido que asignar recursos debido a la presión de grandes organizaciones que luchan por los derechos humanos. A su vez, el bienestar emocional de la población que vive con el VIH es un aspecto que ha quedado relegado a algunas instituciones y fundaciones sin fines de lucro que con muy poco presupuesto proporcionan servicios de asistencia y apoyo a quienes más lo necesitan, ya que adicional al problema de salud se encuentra el tener que luchar contra las adversidades y lidiar con la absurda estigmatización que se ha creado en la sociedad por relacionarla directamente con una ETS (Enfermedad de Transmisión Sexual), pero ¿Qué de la cantidad de casos de contagio por transfusiones de sangre?, ¿Qué de las otras ETS como la sífilis, gonorrea, etc.?, ¿Por qué estas últimas sí son mas “aceptadas” o “permisibles” por la sociedad que el VIH?. 

A diferencia del cáncer, que al ser detectado a tiempo tiene altas probabilidades de curación, el VIH se instala en el cuerpo humano para toda la vida, colocando a quienes lo portan en una situación de permanente zozobra por un eventual ataque al sistema inmunológico. Imagínense llevar eternamente a cuestas una bomba de tiempo a sabiendas que podría estallar en cualquier momento, pues es así como vive la mayoría de los individuos portadores de este virus. Afortunadamente, y gracias a los tratamientos antiVIH, es posible prolongar la calidad de vida de los seropositivos, aunque estos medicamentos pueden producir otras complicaciones por los efectos secundarios. También hay casos excepcionales de personas portadoras que no han tenido necesidad de tomar terapia antirretroviral debido a que su organismo ha mantenido controlado el avance del virus de forma natural. Es en estos casos poco frecuentes donde la ciencia ha enfocado sus estudios para desarrollar una vacuna. 

De cara a la sociedad, una persona con VIH está en su derecho de mantener en reserva el resultado de la prueba si lo desea. Esto se justifica debido a que aún existe mucha ignorancia y desinformación respecto al tema, pero es importante que sea honesto con quien mantiene una relación de pareja o de sexo, ya sea en la actualidad o a futuro. Es indudable que el miedo al rechazo está presente en el momento de comunicarle a la pareja o ser querido de su situación, pero es necesario. Si el otro decide seguir adelante con la relación será una prueba irrefutable de amor puesto que demostraría su disposición de apoyar sin prejuicios al ser amado indistintamente de su condición de salud y sin cuestionar la forma como adquirió el virus. 

Debido a que cada ser humano es único y diferente, cada uno puede reaccionar de distintas maneras cuando es diagnosticado con el virus del VIH. No obstante, hay un patrón emocional que se presenta comúnmente en ellos y que comienza por un duelo personal, ya que no es fácil para ningún ser humano, por más fuerte e inteligente que sea, tener que afrontar una expectativa de vida menor a cualquier otra persona, además del miedo al sufrimiento y al rechazo. El apoyo de los seres queridos (familia y amigos) es muy importante en esta etapa y en gran medida ayuda a sobrellevar ese difícil momento. A muchos les cuesta superar esta crisis que puede llegar a casos severos de depresión, lo cual hace indispensable una ayuda profesional. Una vez superada esta fase se puede caer en una etapa de negación o de aceptación. Hablar del primer caso ameritaría un análisis más profundo ya que la negación puede tener muchas aristas tan complejas como el mismo ser humano y se apartaría de lo que realmente quisiera resaltar con el desarrollo de este tema. Por otra parte, están quienes luego de sufrir esa situación de duelo pasan a la etapa de aceptación, es allí cuando el individuo toma conciencia de su nueva condición y, dependiendo de cada quien, se comienza un proceso de transformación que por lo general contempla mejoras en sus hábitos de salud y de conducta, tanto física como mental. Muchos han alcanzado altos niveles de realización personal como consecuencia de haber aprendido a conocerse más reforzando así su autoestima, lo cual es muy necesario para confrontar con éxito una sociedad que a veces puede llegar a ser muy cruel e intolerante por la falta de toma de conciencia. 

Pero es precisamente esa particular condición de vida lo que hace de ellos unos seres tan especiales, dotados de una gran sensibilidad y de un particular sentido de automotivación. El sólo hecho de tener conciencia de la importancia de mantener una vida sana y positiva conlleva indefectiblemente a que se conviertan en mejores personas, dándole un valor a la vida quizá mayor que cualquier otro ser humano con un organismo sano. Es algo así como haber tenido que lidiar con una muerte inminente con la posibilidad de tener una segunda oportunidad de vivir. Esto sólo es comparable con quienes han experimentado la muerte muy de cerca y que luego de superarla se conectan con un profundo sentimiento de gratitud, logrando vivir más intensamente que antes y disfrutando cada día como si fuera el último de su existencia. 

Las personas con VIH merecen un trato digno e igualitario, y no pretendo con este artículo catalogarlos a todos como víctimas inocentes, pero tampoco voy a juzgar las circunstancias por las que llegaron a contraer el virus ni el grado de responsabilidad en el hecho, ya que todos hemos cometido errores en nuestra vida. Por ello, no caigamos en el lugar común de estigmatizar, discriminar y señalar con el dedo acusador. Aceptemos a los demás como son, con su pasado y su presente para juntos construir un mundo mejor. No nos conformemos con nuestras creencias inculcadas que a veces no nos permiten ver más allá, atrevámonos a cuestionarlas de vez en cuando y ver si aún tienen vigencia en nuestra vida actual. Reencontrémonos con nuestra parte positiva, dejemos de ser simplemente jueces humanos y tengamos apertura para trascender a verdaderos “seres humanos” conectados con la bondad, la aceptación, la humildad, la compasión y la igualdad. Es mucho lo que se puede aprender de alguien que haya logrado superar una de las pruebas más duras que el destino le pueda presentar a un ser humano. Pero está en nosotros abrir nuestra mente y aceptar que nadie está exento de esta condición, ni siquiera creer en la fidelidad absoluta de tu pareja es garantía de ello. El VIH existe, y todavía falta mucho para una cura, pero hasta que eso no ocurra no perdamos la oportunidad de brindarle a quienes lo viven nuestra solidaridad, ganarnos su confianza y darnos el permiso de conocer su historia para aprender de ella. Es muy probable que descubras que estás enfrente de un ser maravilloso, digno de admirar y con una capacidad infinita para amar y ser amado.

Escrito por: Rafael Baralt

Cifras y referencias:
(2) Artículo de El País de España:

sábado, 7 de enero de 2012

Implantes Mamarios: "Sí, me hice las lolas, ¿y qué?"

Los implantes de prótesis mamarias, hechas con silicona, se iniciaron hace medio siglo. Inicialmente, su uso estuvo restringido a los casos de mastectomías, buscando equilibrar el peso que soporta la columna femenina si falta uno de los senos, y también para restaurar el nivel de autoestima y de confianza de la paciente que, por enfermedad o accidente, perdió un seno o ambos. En los últimos tiempos, luego del período victoriano que marcó pauta hasta comienzos del siglo XX, durante el cual la mujer socialmente decente se cubría hasta los tobillos y vería a la mujer actual como el perfecto ejemplo de una puta, como resultado de una alienación cruel y continua de la población femenina por parte de la moda, se puso al alcance de casi toda mujer el aumentarse los senos, sin importar su nivel sociocultural. El arte, los escenarios, la televisión, la pantalla grande, los concursos, los tabloides, periódicos y revistas con iconos e imágenes de mujeres exhibiendo grandes senos turgentes, tapados o no, fueron el medio para distribuir y fijar el mensaje, día tras día, figura tras figura, evento tras evento. El discurso favorito de estas seguidoras y víctimas de la moda varía generalmente entre “yo hago con mi cuerpo lo que quiera”, o “me hice las lolas porque sí, y punto” … pero casi nunca se escuchan argumentos verdaderamente razonados y honestos, mostrando que la mujer sabe por qué se pone las tetas falsas, algo como “lo hice para estar a la moda, para poder competir con las otras hembras, para estar al mismo nivel que las demás, para poder usar tal o cual ropa, para verme más femenina, sexy, bella, deseable, para que se fijen en mí, para que me tomen en cuenta, para disimular mi edad aparentando ser más joven sin mis tetas caídas”…. Claro, casi nunca decimos a los otros la razón real de las decisiones personales, por simple miedo y autoprotección, para que no descubran nuestros puntos débiles. Generalmente el ser humano alienado y poco pensante no es honesto consigo mismo – y menos lo es con los demás- porque no se da cuenta del verdadero motivo por el que actúa así o asá, porque le resulta más fácil sumarse a la corriente, estar a la moda, hacer lo que la mayoría hace sin pararse a preguntar por qué lo hace, creyéndose original en medio de una masa de clones suyos, sintiéndose protagonista en vez de títere sin personalidad que obedece a los que imponen sus intereses y sus modas a la masa consumista.

El objetivo de la mujer con las lolas hechas no sólo es el público masculino o el macho en particular al que busca atraer con unos mayores atributos sexuales. Tal vez influya su deseo de conseguir más sexo, aunque el hombre promedio esté clarísimo en cuanto a que una teta real se siente diferente al tacto que una postiza, por más que ésta última llame más la atención, y sepa que ese gancho hipersexy no es natural. El afán de la mujer que opta por la moda del implante es el ponerse las nuevas tetas para lucirlas a las demás mujeres. Esta moda de las tetas grandes casi supone regresar a la era de las cavernas, cuando el artista esculpía el ideal femenino como una venus de Willendorf, o a la pintura de Miguel Angel o de Doré, o al tiempo de las odaliscas de serrallo en Las Mil y Una Noches. Como vemos, la moda de las tetonas no es nada nuevo. La mujer con pechos grandes se asocia desde el origen de nuestra especie con el prototipo maternal, más apto para procrear, amamantar y preservar la especie, y por tanto más atractivo y útil a la tribu. Hasta Freud tendría algo que decir al respecto. Pero mejor que caer en tratar el complejo de Edipo en este tema, será recordar algunos de los inconvenientes de los famosos implantes, o sea, ese costo oculto de la moda del que los intereses comerciales jamás hablarán, y que sale a la luz pública únicamente cuando un grupo de víctimas de la moda se organiza para denunciar y protestar. Tal es el caso de las recientes demandas contra los daños causados por las prótesis mamarias PIP (Poly Implant Prothese), o cuando se corre la voz entre el grupo de familiares, amigas y conocidas de que fulanita, luego de ponerse unas tetas espectaculares, está bajo tratamiento médico debido a las prótesis, porque tuvo complicaciones en la cirugía, infección, rechazo, mala cicatrización, queloides, encapsulamiento indeseado, hematomas, tamaño inadecuado del implante, rotura, rotación o deshinchado de la prótesis, necrosis del pezón, dificultades posteriores en la lactancia, etc, etc, etc. 

Tanto riesgo, tanto daño, tanto costo, tanta desinformación, tanta estupidez, para mí no es más que un llamado de auxilio de esas mujeres que sólo buscan resaltar, competir y estar a la moda de las nuevas tetas, para que las quieran. Claro, la alienación estética para estar a la moda no queda limitada al público femenino con sus tetas y otras partes agrandadas o reducidas a la fuerza, y si no, que lo digan los centenares de hombres con implantes de pectorales, glúteos y testículos. Pero ese es otro tema afín, que se tratará en su momento. Por ahora me gustaría conocer la opinión feminista al respecto, porque aún no encuentro argumentos para cambiar la mía, por eso, y por polémico, sumo este artículo al blog.

Escrito por: Gustavo Löbig

jueves, 15 de diciembre de 2011

Agnósticamente Navideño

Aprovechando la plenitud del mes de Diciembre y abstrayéndome un poco de forma intencional de la temática que tratamos en el blog, me alenté (sólo por esta vez, y con el permiso de nuestros lectores ragunianos) a darle un giro algo más íntimo y escribir sobre el significado que tiene la Navidad para alguien como yo, toda vez que es bien conocida mi posición anticlerical. Y es que este año me siento particularmente navideño, o mejor dicho, agnósticamente navideño! ¿Suena contradictorio? puede ser, pero es que si lo vemos objetivamente la Navidad, como fiesta en sí, ha dejado de ser exclusiva de los cristianos y católicos convirtiéndose hoy en día en una celebración naturalmente adoptada por personas de otras religiones y formas de pensamiento quienes se han dado el permiso de disfrutarla y compartirla. Claro está que siempre habrá quien me pregunte: “¿Por que celebras la Navidad si eres ateo?” Yo, luego de dibujar una sonrisa en mi cara y de evadir la aclaratoria de que no soy ateo sino agnóstico, les digo: “porque me gusta”. Y es cierto, he descubierto que me gusta, pero no por las razones que deberían tener todos los creyentes de celebrar la llegada al mundo de Jesús de Nazaret y todo lo que ello representa para la fe cristiana, sino más bien porque me dejo seducir por esa euforia colectiva de festejos, regalos, comidas, adornos, canciones y agradable frío de temporada; además de la inevitable retrospectiva de esos momentos especiales que le dieron a esta época navideña un particular significado.

Estos días traen consigo muchos recuerdos de mi niñez: como el ingenio que tenían mis padres para dejarnos a mi y mis hermanas los regalos debajo de la cama y hacernos creer que había sido el mismísimo Niño Jesús quien dejó esos presentes para nosotros. Me acuerdo como si fuese ayer de la alegría que sentía las mañanas de los 25 de diciembre al despertar y ver todos esos juguetes, pero antes de disfrutarlos había que darle gracias al “Niño Dios” por su bondad al habernos premiado por nuestro buen comportamiento durante el año. Toda esa ilusión duró como hasta los 7 u 8 años cuando descubrí, no recuerdo como, que ese famoso “Niño” no era tal y que eran mis padres quienes con todo su amor dejaban los regalos bajo mi cama cada nochebuena, pero como no quería dejar de recibirlos dejé pasar al menos un par de años más sin decir nunca nada sobre mi secreta revelación. No obstante la experiencia de descubrir esa “mentirilla blanca”, aunque hecha con la mejor intención, fue algo dolorosa para mí, así como lo podrá ser para cualquier otro niño, y buena parte de esa ilusión de la Navidad murió en ese momento. Hoy en día puedo decir que esa fue mi primera gran decepción con el mundo religioso.

Ya en mi pubertad fui descubriendo que las navidades eran sinónimo de fiestas, patinatas y parrandas, las mejores que he tenido. Estas se complementaban con visitas inesperadas, reencuentros y reuniones familiares. Nunca podré olvidar la imagen de mi abuela junto a mi mamá y mis tías preparando esas deliciosas hallacas, así como el aroma que permanecía por días en toda la casa. Mi papá, siempre fiel a las tradiciones venezolanas, gustaba de colocar canciones navideñas de un disco de acetato que contenía preciosos aguinaldos y villancicos mientras poníamos el pesebre. Por cierto que mi padre decía con cierta vehemencia que el árbol de Navidad era una tradición extranjera y que nosotros por ser venezolanos teníamos que poner el nacimiento, pero como a mis hermanas y a mí siempre nos gustó el arbolito nos permitió colocarlo una que otra vez (Yo creo que en el fondo a él también le gustaba el arbolito pero nunca lo quiso reconocer). Por su parte, mi madre no siempre fue muy apegada a las celebraciones navideñas ya que eso representaba mucho trabajo en la cocina y arreglando la casa para recibir las visitas, aparte de los gastos extras por los obligados regalos y el odiosísimo juego del amigo secreto. Aún así, mi mamá siempre disfrutó de ver a la familia reunida y compartiendo, y lo sigue haciendo con el mismo amor que tanto la caracteriza.

Luego, una vez que empecé a ser independiente y comencé a viajar por el mundo, pude ver que la Navidad, aparte de representar un frenesí universal, también llegó a convertirse en todo un suceso mercantilista. Las personas se volcaban a las calles a comprar ropa nueva, regalos y cuanto adorno existía en las vidrieras de las tiendas para decorar sus hogares. Aprovechaban para dar obsequios a sus seres queridos, así como regalarle algún detallito a esa gente que hacía tiempo que no veían o simplemente para quedar bien por convencionalismo social. No en vano Diciembre se ha consolidado como el mes de mayor venta y consumo en todas las regiones del planeta. Aún estando consciente de ello, disfrutaba de recorrer las principales plazas y centros comerciales de esas ciudades que mostraban su mejor cara luciendo sendos árboles de pino con full luces de colores, las tiendas regiamente decoradas con motivos rojos y verdes, los fuegos artificiales mimetizándose con el cielo estrellado y dejándome envolver por ese ambiente mágico de buena energía junto a gente desconocida que nunca más volvería a ver.

Hoy en día, ya alcanzados mis cuarenta, lo sigo disfrutando pero no con esa inocencia ni con la misma intensidad de antes, la cual se ha visto disminuida junto con la pérdida año tras año de estas tradiciones. Aún así, le dedico un buen tiempo a montar el arbolito mientras oigo mis canciones navideñas favoritas y evoco esos momentos de felicidad pasada. También trato de atender todas las invitaciones sociales que me hagan ¿Qué sentido tendría resistirme y privarme de compartir buenos momentos con mis seres queridos? Si bien esto podría hacerse en cualquier otra fecha del año, es en Navidad cuando la gente esta más presta a hacerlo. Pero es precisamente en esos momentos de reflexión cuando me pregunto si toda la gente que celebra estas fiestas lo hace motivada por la genuina convicción de que se cumple un año más del nacimiento de Jesús o simplemente es una excusa perfecta para reconciliarse socialmente con la familia y amigos. Quizá sea ambas, o ninguna, pero en mi caso particular lo hago en honor a ese niño que una vez fui y que aún llevo conmigo, que creyó en la Navidad, y que ahora en un cuerpo adulto todavía mantiene en su memoria los más hermosos recuerdos de infancia y juventud junto a las personas que ya no están, y con las que sigue teniendo la dicha de compartir su vida.

Escrito por: Rafael Baralt

lunes, 28 de noviembre de 2011

La Fidelidad, ¿Otra Imposición de la Religión Católica?

"Si, estando casado, miras a una mujer la primera vez, estás usando el sentido de la vista. Si la miras una segunda vez, estás permitiendo ser tentado. Si la miras una tercera vez, has abierto tu corazón al pecado. Más allá de esta tercera vez, es definitivamente pecado".

Quise comenzar este artículo con un extracto bíblico que recrea la posición de la mayoría de las religiones, en especial la católica, respecto a la fidelidad. Al leerlo, lo primero que me viene a la mente es: ¿Quién hoy en día deja de ver por 3ra, 4ta o más veces a alguien que le atrae por temor a ser castigado por Dios? Sin embargo, en el subconsciente, miles de pensamientos se entrecruzan: “esto no esta bien”, “¿Cómo puedo mirar a alguien más si amo a otra persona?”, “Pero, ¿Qué hago si me gusta esta persona?, y de esa forma atormentarse hasta llegar a un punto en que la culpa es inmanejable. Algunos hasta han decidido andar con gríngolas y no ver a los lados para no sentir ese remordimiento que no los deja vivir (debo reconocer que conozco a unos cuantos que viven de esa forma).

Es realmente lamentable que todo esto se lo debamos a esas falsas creencias que nos han enseñado desde niños, impuestas sobre todo por la Iglesia, que basándose en los mandamientos divinos intenta imponer una moralidad que va en contra de nuestra propia condición humana. No podemos ocultar una realidad que vivimos a diario, y que comienza al salir de casa: nos gusta vernos bien, usamos nuestra mejor ropa, nos arreglamos para ver y dejarse ver. Entonces, ¿Cómo podemos pretender no fijar la mirada sobre alguien que nos llame poderosamente la atención más de una vez?, pues señores, sepan que según la Biblia eso es “Pecado” (que palabra tan alienante). Si es así, pues todos seríamos pecadores ya que, aún teniendo una relación de pareja, hemos volteado más de una vez (así sea por el rabo del ojo) para apreciar a alguien que nos deslumbre. “Quien este libre de pecado que lance la primera piedra…”

Para poner un poco más en relieve el asunto de las creencias inculcadas basta con repasar el ritual del matrimonio eclesiástico, el cual contempla en una de sus líneas: “Yo, (fulanit@), te recibo a ti, (fulanit@), como espos@ y me entrego a ti y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad…”. Esta ceremonia se realiza con la promesa de que esa relación será bendecida por la Iglesia y por el mismo Dios. No obstante, esa misma religión sostiene que se estaría cometiendo infidelidad, y por lo tanto pecado, si uno de los dos viera intencionalmente más de una vez a otra persona que le atraiga, ya sea porque le parezca interesante o por su físico. Es más, ni siquiera se está permitido tener pensamientos con otra persona que no sea su cónyuge. En consecuencia todos los matrimonios (al menos los católicos) estarían faltando constantemente a su promesa “divina” ante Dios y en menor o mayor manera acumulando culpa.

Es evidente que he venido tratando el tema de la fidelidad sin entrar en la materialización de la infidelidad (eso será tratado en otro artículo de este Blog), sino como esa imposición religiosa que ya no tiene vigencia, si es que alguna vez la tuvo, y que ha dejado de tener sentido hoy en día.  

La fidelidad ha de tratarse como un acuerdo entre dos personas de mantenerse unidas, respetarse y amarse; pero nunca ignorar el hecho de que, ante todo, somos seres humanos, con instintos aún primitivos, que vivimos en una sociedad consumista situada por el culto al cuerpo y al sexo. Ignorarlo es un error en el que caen muchas parejas, especialmente los casados. Además, algunas personas tienen más desarrollado el sentido visual que el auditivo o el kinestésico ¿Qué tiene de malo ver concientemente y que nos vean?, al contrario, eso enaltece el ego y reafirma nuestra autoestima, por ende seremos mejores personas con nosotros mismos y con nuestra pareja. Por ello, sería más honesto permitirnos sentir “la tentación” por otra persona y no verlo como un pecado que será castigado. Quizá la causa de tantos divorcios en la actualidad sea por ese sentimiento de culpa al reprimir esa parte humana.

Este artículo en ningún momento es una incitación a la promiscuidad o a cometer adulterio, eso estará en la conciencia de cada quien. Más bien es una invitación a que veamos objetivamente esos mensajes que las religiones se han encargado de inculcar para crear miedo y culpa. En la medida que seamos más fieles con nuestro sentir humano, más auténticos y dejemos que fluya sin ataduras impuestas, lo seremos en la misma medida con quien amamos sin limitaciones.

Escrito por: Rafael Baralt

sábado, 19 de noviembre de 2011

La Iglesia Católica en la Mira… En la mera mira mía

Otro tema polémico, éste de la iglesia católica. Un tema del que cada quien habla desde su historia personal, porque generalmente parte de vivencias, formación familiar y creencias tempranas, a la hora de defender o atacar a una religión o iglesia en particular. En el actual momento histórico, con la ciencia y el avance tecnológico  sobreponiéndose a las tradiciones milenarias, cuando se multiplican las denuncias contra curas pederastas y el Papa se desdice una y otra vez tras emitir palabras desafortunadas que motivan protestas internacionales, sigo observando objetivamente el papel de la iglesia católica dentro del mundo moderno. Con la misma objetividad ajusto mis decisiones al sentido común y no al mandato eclesial, descansando mis domingos en lugar de ir a misa, o usando condón  cuando lo creo necesario, y estoy clarísimo en mi posición con respecto a las incongruencias de una iglesia cuyos dogmas y ritos saturaron mi niñez. Aún recuerdo los castigos y expulsiones que acumulé  antes de mis doce años, mientras estudié en colegios religiosos, cuando me ponía a cuestionar la injusticia de tener que pagar por el pecado original, cuando ni mis viejísimos abuelos conocieron a Adán y Eva, o por mi planteamiento de que los marcianos también debían tener un mesías distinto a Jesús, por lo menos más verde. A esa edad el cura que nos preparaba para la primera comunión premiaba cada una de mis originales ideas dándome un coscorrón u obligándome a escribir una plana interminable (fui el precursor de Bart Simpson), y nos aterrorizaba a todos gritando que cualquier niño que tocase un libro prohibido (de contenido sexual o de otra religión) moriría en el acto, y que toda mujer divorciada iría al infierno. Como lo desafié por defender a mi madre divorciada, me vetó la comunión. Y así, sabiéndome más que condenado a arder en el infierno, con mucho aplomo y un miedito emocionante ojeé los libros prohibidos, comulgué sin confesión y dudé de dios, pero ningún rayo me fulminó. Entonces supe que los curas también mentían, y me convertí en agnóstico precoz.

Con el tiempo, y desde la libertad de no estar limitado por creencias o dogmas estrictos, me di a la tarea de explorar cuanta secta o doctrina de más de mil adeptos se me atravesase, sin encontrar a dios en ninguna. Y me inventé un dios a mi medida, es decir, a la medida de mis necesidades y expectativas. Tal como uno hace de adulto con la pareja ideal. Con los años fui depurando mi concepción de dios  mientras mi búsqueda espiritual me alejaba cada vez más de una iglesia que ha prosperado durante dos milenios, vendiendo unas ideas imposibles de probar, unos dogmas imposibles de discutir, un modelo imposible de seguir, un dios invisible y generalmente ajeno a todo dolor o catástrofe. Como todo turista que se respete, he visitado el Vaticano y las principales catedrales europeas, lo que me llevó a reconocer  que la iglesia de mi niñez, además de ser una excelente vendedora, diestra en cambiar ideas no comprobables por bienes materiales, une a su carácter de trasnacional poderosísima el privilegio de ser primer mecenas del arte y del boato. Ante tales logros decidí que debo ser objetivo a la hora de evaluar a la iglesia cristiana y a sus obras. Porque si la humanidad no necesitase de la iglesia, sea la católica u otra, no existirían las religiones.  Y por eso, en vez de caer en el facilismo de criticar sin compasión, me dije: ¿Qué importan unas cuantas incongruencias, qué más da el debatido tema del mensaje evangélico dictado en medio del lujo y del poder mundano, o los escándalos sexuales de tantos seglares o religiosos cristianos, o los profetas evangélicos multimillonarios invitando a parar de sufrir, o la sangrienta colonización americana, africana o asiática hecha en nombre de Jesús, o las hazañas de la Inquisición, o la quema de brujas y de científicos adelantados a su tiempo, o las cruzadas destructoras de judíos e infieles, o la inolvidable labor de papas emblemáticos como Borgia, Juana o Clemente? ¿Qué hay con que todas esas hazañas humanas se hayan inspirado en el amor a Jesús, aunque fueran realizadas a costa de tanto sufrimiento humano, si se hicieron para la mayor gloria de dios y de su esposa la iglesia? ¿Quién puede culpar a esa esposa divina de defender sus bienes y derechos a toda costa, incluso a costa de sus principios? ¿Acaso es la única fémina que se prostituye para mantener su casa, su status o su prole? ¿Quién puede culpar a la iglesia de mostrar todas las características y debilidades de cualquier institución humana? ¿Acaso no ha exhibido innumerables actos de heroísmo, abnegación y generosidad a lo largo de su historia, conmoviendo a muchas mentes débiles hasta las lágrimas? ¿Acaso a la par de tanto cura mundano no caminaron otros curas y beatos con olor a santidad, incluyendo aquellos que por mortificar el cuerpo jamás se bañaron? ¿Acaso la fe y el rito no han satisfecho a millares de viejitos y no tan viejitos, en momentos de aflicción, de celebración o de ocio, gentes sencillas que solamente han tenido que pagar una tontería a cambio del servicio fúnebre, la bendición o las misas? La iglesia ha trazado claramente el deber de seguir por la senda del amor y del bien, guiados por el temor a dios y por el miedo al castigo o al infierno. Esa tarea ha justificado ante el mundo que la iglesia use la coacción, la manipulación, las torturas, la excomunión y hasta las armas, con tal de lograr que la mayoría aceptase ese mandato de amor y de bien.

Por otra parte, la iglesia también ha contribuido a desarrollar la capacidad de asociación y de raciocinio de la masa mostrándole ejemplos contrarios a su discurso,  actuando durante siglos el papel de “haz lo que te digo pero no lo que yo hago”, a ver si el cristiano común se da cuenta de la incongruencia, capta el mal ejemplo de la jerarquía eclesiástica y aprende del error ajeno. Y eso no es sino una pequeña parte de todo lo que la humanidad debe a la iglesia católica, cristiana y apostólica. ¿No ha provisto de educación, comodidades, protección y privilegios a sus miles de representantes y empleados en todo el mundo, gracias a las limosnas de los fieles? ¿No ha multiplicado el óbolo de la viuda en inversiones más que rentables, erigido sedes muy costosas y activado el consumo de bienes materiales por doquier, favoreciendo con ello el comercio internacional? ¿No custodia las mejores obras de arte del mundo? ¿No ha impuesto la cultura avanzada a las regiones más atrasadas, despojando a los indígenas de sus tradiciones inútiles y supersticiosas y matando a los que se resistieron a perder sus raíces? ¿No es cierto que ante cada denuncia contra la iglesia, sus adeptos sacan inmediatamente justificaciones, exhiben buenas obras, optan por un silencio prudente o evitan penalizar al laico o al cura que cayó en el error, para no aumentar la culpa y la violencia castigando al culpable?.

Nadie puede probar que dios haya fundado la iglesia, o la haya autorizado para interpretar con exclusividad la divina voluntad, pero la iglesia misma afirma que es así, sobre la base de un nuevo testamento que ya lleva demasiado tiempo siendo nuevo, que indiscutiblemente fue escrito por hombres, que convenientemente ha sido editado y traducido, y que en cada concilio se ve reforzado por dogmas y mandatos papales considerados infalibles. Esa misma  iglesia colabora desde hace siglos con la inocencia, la fe ciega y la obediencia pasiva de un gran sector de la humanidad, en tanto sea parte de su feligresía. Y, ¿acaso no son estos los valores que quiere un mundo cansado de guerras? Que el sector a favor de la iglesia entre en conflicto con otros sectores e intereses humanos que la critican, creando más separación y discordia en nuestro pequeño planeta, no es culpa únicamente de la iglesia. Así pues, lo repito: por todas estas razones y muchas más de igual peso, yo sigo observando con particular interés a la iglesia católica y cristiana que se califica a sí misma como no mundana, y la veo asociada año tras año con su indiscutible poder dentro del mundo. Es verdad que en los últimos tiempos la clásica rigidez de la doctrina católica ha hecho que la iglesia pierda muchos adeptos, atraídos por la nueva era, la ciencia, el hedonismo y otras religiones. Pero su poder económico y político es tal, que aún hay santa iglesia católica para rato, lo juro por ella!. Y que conste, jurar por algo como la santa iglesia no es jurar en vano….es jurar por nada. Es decir, no es pecado!!!

Escrito por: Gustavo Löbig