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sábado, 12 de enero de 2013

Prostitución legal, ¿doblemente inmoral?

“Como todo niño latinoamericano, donde el machismo es visto como una virtud, fui convidado por mis amigos a ir a un burdel para ‘estrenar’ mi hombría con una mujer de la ‘mala vida’. Tan sólo tenía quince años, fue una noche saliendo de una fiesta. Estábamos algo embriagados, y yo muy emocionado. Entramos al lugar con identificaciones falsas (todos menores de edad), nos sentamos en la barra, se nos acercaron unas chicas bien exuberantes (una para cada uno), fijamos la tarifa y …

Esta historia (mi historia) es la de muchos otros hombres que pasaron por esa experiencia que bien podría catalogarse como “normal”. Recuerdo además que mis mayores me aconsejaban que era mejor hacerlo con una puta la primera vez. La verdad no sé si fue lo mejor, pero tampoco fue la última vez. Lo tengo en mi memoria como algo vago y nada trascendente, pero aún no logro borrar la cara de aquella mujer, la que me inició. Era bonita, delicada y olía a lavanda frutal. No me pasaba por la mente que había estado con miles de hombres antes que yo. Hoy en día la veo diferente, pero no a la experiencia, sino a ella: mi primera prostituta.

Es mucho lo que habría que decir sobre el oficio más antiguo del mundo. Algunos apoyan la prostitución, otros la encuentran repugnante. Pero lo que me motiva a escribir este texto es cuestionar la legalidad de la misma, en otras palabras, ¿debería ser legal? Es importante mencionar que la prostitución no es exclusiva de las mujeres, muchos hombres se han sumado al lucrativo ejercicio. Hoy en día es usual ver anuncios de estos profesionales en la sección de clasificados ofreciendo sus servicios de “masajistas” tanto a mujeres solas, hombres o parejas.

Haciendo un poco de historia, quizá la prostituta más conocida de que se tenga referencia –aunque no se tenga evidencia de ello- fue la pobre María Magdalena (para algunos una santa, para otros una gran pecadora). El hecho es que cualquier indicio de humanización de Jesús de Nazaret ha sido minimizado u opacado por la divinidad que sus apóstoles y seguidores le confieren, por lo que fue necesario condenar a esta mujer como la provocadora de los instintos carnales del “hijo de dios”. La verdad no pienso perder tiempo especulando sobre las intenciones que tuvo esta mujer, ni Jesús, ya con los evangelios tenemos suficientes contradicciones sobre el tema. Lo cierto es que gracias a ese mito se comenzó a ver la prostitución como algo pecaminoso, lascivo, demoníaco, etc.; estigmatizándola hasta la época actual en la gran mayoría de los países.

Si bien es cierto que muchas mujeres comenzaron a prostituirse por necesidad económica, también lo es que podrían dejar de hacerlo cuando esta situación mejore, consigan otro tipo de ingreso o simplemente lo deseen. Algún idealista o religioso diría que ”podrían conseguir un trabajo más digno”; en ese caso comenzaría por preguntarles qué significa “digno” para ellos, pues muchas prostitutas son más dignas que cualquier político encorbatado o que un pastor de congregación religiosa. También hay quienes la ejercen por convicción y les gusta lo que hacen. Sin embargo, en todos los casos el acto se realiza por consentimiento mutuo, previa fijación de una tarifa, y para beneficio de ambas partes.

Entonces, si nos quitamos el manto de “moralistas de iglesia”, entendiéndolo como nuestra capacidad para juzgar según nuestras creencias sobre “el bien y el mal” dogmático, podríamos esgrimir sobre las posiciones y/o razones que algunos sostienen para la no legalización de la prostitución:

1. La legalización / despenalización de la prostitución es un regalo para los proxenetas, los traficantes y la industria del sexo.
¿Un regalo?, precisamente los proxenetas y traficantes existen por la falta de protección legal que tienen las prostitutas, pues muchas tienen que acudir a ellos para ampararse del maltrato a que podrían ser expuestas en las calles. El problema se presenta cuando éstas se hacen víctimas de estos inescrupulosos que se lucran de ello. En todo caso, la ley tampoco los ampara, ni ahora ni con la legalización. Por otra parte, acerca que es un “regalo” para la industria del sexo, ¿algún problema con eso?

2. La legalización / despenalización de la prostitución y de la industria del sexo promueve el tráfico sexual.
Esto sólo pone de manifiesto la incapacidad de algunos países e instituciones para impedir y combatir la trata de personas. La legalización de la prostitución no puede ser una excusa para hacer cumplir la ley contra el tráfico humano. La proliferación de mujeres de países del tercer mundo en países desarrollados es sólo el reflejo de la falta de controles de tráfico de personas, y ello seguiría sucediendo con o sin la despenalización de la prostitución.

3. La legalización / despenalización de la prostitución no supone un control de la industria del sexo. La expande.
Eso depende, ¿es que acaso no se puede legalizar la prostitución a la par de controlar su industria? Además, este argumento tiene un trasfondo moralista que trata de hacer ver la prostitución como algo malo, pecaminoso y execrable. Ahora bien, referente a la palabra “industria”, es obvio que los seres humanos buscamos el lucro a costa de casi cualquier cosa. Los conservadores sostienen que con la legalización serían más rentables “otras formas de explotación sexual”, tales como: el strip-tease, los centros de esclavitud y disciplina, los sex shops, los juguetes eróticos y la pornografía. En este sentido, pienso que cualquier industria se mantiene y justifica porque existe un mercado; siempre habrá quienes consuman estos productos y/o servicios y es el mismo cliente quien elige usarlos o comprarlos; nadie los obliga.

4. La legalización / despenalización de la prostitución aumenta la prostitución clandestina, ilegal y la prostitución de la calle.
Este argumento se cae por sí solo: Si se legaliza dejaría de ser “clandestina” o “ilegal”. Sobre la prostitución en la calle, pues allí entrarían las leyes que regulen cómo y dónde pueden practicarlo, pero legalmente.


5. La legalización de la prostitución y la despenalización de la industria del sexo promueve la prostitución infantil.
Aquí se aplica lo mismo que planteé en el punto dos. Adicionalmente, la legalización de la prostitución debe contemplar regulaciones elementales de: edad mínima, condición de salud, nacionalidad, etc. Eso es más que lógico.

6. La legalización / despenalización de la prostitución no protege a las mujeres que están en la prostitución.
Otro argumento bastante insubstancial y absurdo, se supone que la legalización debería protegerlas, así como también contar con el amparo de las organizaciones de DDHH en todo el mundo (si es que sirven para algo).

7. La legalización / despenalización de la prostitución aumenta la demanda de la prostitución. Incentiva a los hombres a comprar a las mujeres por sexo en un entorno social más permisible y de mayor aceptabilidad.
Esto parece redactado por un cura bastante mojigato. ¿Y es que acaso el hombre ha dejado de sentir impulsos sexuales dentro de entornos pocos permisibles y de menor aceptabilidad? Además, el hombre no “compra a las mujeres”, paga por un servicio en común acuerdo con ésta.

8. La legalización / despenalización de la prostitución no promueve una mejora de la salud de las mujeres.
El dicho popular dice “todo en exceso es malo”, yo agregaría: hasta el sexo. Pero, ¿quién obliga a quién a hacerlo y con qué frecuencia? Decir que “no mejora” la salud de las mujeres afirma que éstas ya son insanas. Conozco prostitutas mucho más sanas que cualquier mujer con poca actividad sexual. Creo que más deterioro produce el celibato, inclusive daño mental. Ahora bien, si se tratara con dignidad a las prostitutas existieran organismos que fomenten la prevención de enfermedades, pero la despenalización por sí sola no implica “promover” condiciones de salud.

9. La legalización / despenalización de la prostitución no aumenta las posibilidades de elección de las mujeres.
Al contrario, las aumenta. Al tener más posibilidades de ejercer podrían exigir, y por ende escoger a quien ofrecer sus servicios. Precisamente la no legalización induce a que tengan que conformarse con los clientes que cometen la “ilegalidad” junto con ellas.

10. Las mujeres que están dentro de la prostitución no quieren que se legalice o despenalice la industria del sexo.
Esta es la perla final, quisiera conocer alguna prostituta que no desee trabajar legalmente dentro del país donde se encuentre. Pregúntenle a un inmigrante ilegal si no desearía vivir con tranquilidad jurídica y poder trabajar en el país donde decidió vivir. Por la única razón que veo que alguna prostituta no esté de acuerdo sería porque tendría más competencia.

Considero que la idea no es realzar la condición de prostituta/o, sino dignificar a la mujer o al hombre que lo es. Se trata de un trabajo que debería respetarse como cualquier otro, siempre y cuando no dañe o perjudique a otras personas. ¿Hasta qué punto estamos cubiertos por el velo de moralidad que nos han impuesto? Por otra parte, las parejas no deberían sentirse amenazadas por la existencia de quienes mercadean con su cuerpo. Si su relación es satisfactoria y lo suficientemente placentera no debería haber riesgo de una “infidelidad” sexual; pero si sucediera, habría que revisar las causas que lo originaron y no achacárselas a quien prestó el servicio sexual.

La verdad dudo que la prostitución deje de practicarse con o sin la legalización de la misma, por lo que no encuentro razones realmente importantes para que no se deba legalizar. Pienso que es hora de ver las cosas distinto, actuar diferente y darle un tinte más humano al dejar de estigmatizar. Tan sencillo como “vivir y dejar vivir”.

Por cierto, nunca más estuve con una prostituta, aquello sólo formó parte de mis experiencias de adolescente. Mis gustos han cambiado y no necesito de servicios de ese tipo para satisfacer mis necesidades sexuales. Pero considero a quienes sí lo desean y necesitan (sea cual sea la razón), sobre todo respeto a las prostitutas y prostitutos, que por simple convicción ejercen algo más que una labor social para una buena parte de la población mundial.

Escrito por: Rafael Baralt

viernes, 23 de noviembre de 2012

El absurdo pecado de la desnudez


Hay algo innegable, y es que todos nacimos descaradamente desnudos. ¿En qué momento nuestro cuerpo dejó de inspirar ternura para convertirse en un instrumento «vergonzoso» que deba ocultarse? La explicación puede ser tan amplia y antigua como la historia misma de la humanidad. Básicamente se debe a una necesidad de preservación y abrigo. En las épocas prehistóricas el clima era verdaderamente inhóspito y los primeros hombres comenzaron a protegerse de los elementos cubriéndose con pieles de animales. La indumentaria fue evolucionando a lo largo de los siglos y de las culturas, incluso ha llegado a convertirse en un símbolo de poder para distinguirse entre los distintos grupos sociales. Es perfectamente entendible que como parte de la evolución se haya sofisticado el uso del vestido utilizando telas que se adapten mejor al tipo de clima, piel y de actividad. Pero hay quienes lo usan para crear una imagen de superioridad: reyes, monarcas, jueces, ministros de iglesias, etc. Por cierto, ¿alguien se imagina al Papa actual vistiendo de jeans, zapatos de goma y manga corta?, no lo creo, eso sería rebajarse al común de los humanos.

Ahora bien, es indudable el valor de las prendas de vestir, ya que entre otras cosas ayuda a mantener la higiene personal. No me veo sentándome en el sucio asiento del vagón del metro haciendo contacto directo con las nalgas (más aún sabiendo que ya otros han hecho lo mismo), pero sí cuestiono que sea un delito hacerlo. Nunca olvidaré que hace unos cuantos años, a una amiga europea se le ocurrió hacer topless en una playa de mi país (Venezuela); a los pocos minutos llegó un policía que quería meterla presa por “actos públicos inmorales”. Mi amiga obviamente no entendía nada de lo que estaba pasando, y me costó explicarle sobre la obtusa mentalidad de acá.

Como condicionamiento social, me parece totalmente ridículo que tengamos que usar chaqueta y corbata para trabajar en zonas tropicales con altas temperaturas -independientemente a que las oficinas tengan aire acondicionado-. Es increíble que tengamos que acatar estos códigos sociales en detrimento de nuestra comodidad. Todos sabemos lo incómodo que es pasar un día completo con un pedazo de tela amarrado al cuello. Más allá de la elegancia, en el fondo estás deseando que termine rápido la jornada para quitarte ese disfraz que en mala hora adoptamos de países fríos.

Pero obviamente no podemos olvidar la etiqueta: «vergonzoso», ¿de donde creen que se originó esta connotación?, pues claro: de las religiones. ¿Qué más representativo que el dogmatismo religioso para condenar, criminalizar, estigmatizar, señalar, etc.? No olvidemos que desde los orígenes del cristianismo se ha considerado el cuerpo humano como pagano y pecaminoso, y nuestros órganos sexuales como partes impuras. En este sentido, ¿cómo puede ser pecado algo que es imagen y semejanza de dios? Esta es una de las infinitas contradicciones religiosas. Pero lo más insólito es que esta creencia ha trascendido de forma tal que hemos llegado a criminalizar el desnudo por considerarlo inmoral y fuera de las buenas costumbres, ¿cómo demonios puede ser inmoral mostrar nuestra intimidad por completo? Quizá para muchos conservadores esto sería impensable: el poder salir un día de casa a comprar el periódico dejando que las pelotas se balanceen libremente (ellas también tienen derecho a sentir la frescura de la mañana), o que las mujeres puedan pasear sus mascotas por el parque con su hermoso pecho al descubierto y en completa armonía con la naturaleza.

Ni hablar de Adam y Eva, que cuando son representados en obras pictóricas aparecen con hojas de árbol cubriendo sus partes íntimas -la verdad es que la imaginación humana a veces puede ser muy pacata-. ¿Sería blasfemo dibujar a la Virgen María con su niño en brazos sin nada de trapos encima y mostrando sus senos?, seguro que sí, ¿cierto? ¿Podríamos imaginarnos a Jesucristo en la cruz sin su taparrabo de tela? (eso sería lo más seguro, ya que luego de ser víctima de las vejaciones y de arrastrar la cruz seguramente habría quedado totalmente desnudo), ¿hay algo de malo o indecoroso en ello? Sé que muchos al leer esto se les puede estar revolviendo la bilis y es entendible. Estos símbolos son “impolutos” y el sólo hecho de imaginarlos desnudos sería un acto irreverente. Pero ese sentimiento es la mejor demostración del condicionamiento dogmático que nos han inculcado. Esta visión religiosa ha sido tan fuerte y arraigada en la sociedad occidental que hemos desarrollado el pudor, lo cual no sucede en tribus del África donde es usual mostrarse al natural. Aquí es al contrario, si una mujer usa un escote prominente inmediatamente es catalogada de puta, y si a un hombre se le marca el pene a través del pantalón es un depravado (ambos casos pecadores insignes). A propósito del pudor, recuerdo haberlo sentido intensamente la primera vez que fui a una playa nudista. Eso fue hace unos 10 años en Orient Beach en la isla de Saint Marteen, me costó mucho deshacerme de mi traje de baño, pero una vez vencido el miedo fue una de las experiencias más liberadoras que recuerde haber vivido (si no lo han hecho se los recomiendo). Pero es precisamente el origen de ese miedo lo que me interesa resaltar, y fue debido a mis creencias impuestas desde niño sobre la desnudez, ¿les suena familiar?.


Pienso que el mayor de los daños que ha hecho la religión sobre el desnudo humano es señalar nuestro cuerpo como algo prohibido, y ya sabemos perfectamente como reaccionamos ante lo no permitido. Puesto que las partes púdicas son “pecaminosas” y deben taparse, no le queda más remedio al hombre y a la mujer que desarrollar la curiosidad de lo que hay ahí, de cómo “lo” o “la” tendrá. No en vano la pornografía es el comercio más fructífero en el mundo. En los casos más graves, esta estigmatización al desnudo puede ocasionar muchas perversiones producto de la misma represión. Todo es una cadena de eventos, ¿se imaginan un mundo donde sea permitido andar por la calle sin ropa alguna  sin temor a ser señalado o arrestado? Tendría que pasar mucho tiempo para adaptarnos a esa costumbre y se vea como “normal” lo que hoy es considerado como anormal.

Afortunadamente hay gente en el mundo que se encarga de enaltecer la desnudez. Spencer Tunick considera que el desnudo es un arte del cual no debemos avergonzarnos. Ya se ha hecho famoso retratando numerosos grupos de personas en entornos urbanos, inclusive estuvo en Venezuela donde logró una convocatoria bastante escasa, lo cual refleja nuestra mentalidad tan cerrada (yo no participé en ese evento porque no tuvo mucha publicidad, pero no pienso perderme esa experiencia la próxima vez). También es importante mencionar que existen grupos de personas en algunos países hispanos como: España, Chile y Argentina que practican el nudismo como un acto natural que forma parte de sus tradiciones. Acostumbran bañarse juntos, comer y realizar actividades al aire libre sin indumentarias molestosas, pero obviamente deben hacerlo en privado.


Mientras escribo este artículo estoy como vine al mundo, decidí hacerlo para conectarme con el tema, pero me estoy dando cuenta de que puede ser incómodo. El contacto directo de mi piel con la silla de cuero hace que sude mucho y literalmente “las tengo sancochadas”. De verdad reconozco la utilidad de unos buenos calzoncillos, pero esta sociedad no permite que ni siquiera pueda salir a botar la basura a la calle exhibiéndolos –me quedaré con las ganas de mostrar en público mis Dolce & Gabbana-.

En conclusión, como ser civilizado que soy me he acostumbrado a usar ropa, me gusta exhibirla en fiestas y reuniones, y algunas veces me hace sentir importante; pero no olvido que es mi cuerpo el que oculto tras esa vestimenta y no siento vergüenza de él. Comparto los códigos de comportamiento en sociedad, si no todo sería un caos, pero no comparto la creencia de que mis partes íntimas sean un pecado. Mucho menos considero indecente el nudismo, ya que la verdadera libertad no lleva velos impuestos y la intimidad comienza por descubrirnos nosotros mismos.

Escrito por: Rafael Baralt

martes, 24 de enero de 2012

El Lado Humano de quienes viven con VIH

Desde que supe que en mi organismo habitaba un cuerpo extraño que poco a poco iba aniquilando mis defensas comencé a librar una feroz batalla contra ese poderoso enemigo y decidí no darle tregua a su avance de destrucción. Fue así como comenzó un proceso de aceptación y transformación de todo mi ser para darle fuerza a mi cuerpo y espíritu. No fue fácil sobrellevar esta pelea solo puesto que no tenía las herramientas. Busqué información, busqué ayuda y la conseguí en quienes menos lo esperaba. Gracias a esta experiencia supe identificar a mis verdaderos amigos y deseché aquello que no le aportaba valor a mi vida. La batalla siguió y se transformó en guerra, solo que ahora estoy más fortalecido y dispuesto a ganarla. Pero lo más importante es que en este nuevo andar por la vida advertí mi gran potencial como ser humano, de lo que soy capaz de dar y hacer por la humanidad, y por sobre todas las cosas descubrí mi gran capacidad de amar

Que mejor forma de comenzar este tema que con la profunda reflexión de un gran amigo a quien respeto y admiro por su gran calidad humana, y que vive con el virus del VIH desde hace unos 20 años. Así como él existen aprox. 34 millones de personas entre niños, jóvenes y adultos, que viven con esta condición de salud en todo el mundo (según cifras del unaids.org); en Latinoamérica se contabilizaron 1,5 millones para 2010 y la cifra sigue creciendo. Como bien se sabe este virus no discrimina entre sexo ni raza, y aunque se le ha relacionado con un mal exclusivo de los homosexuales se ha demostrado que la tendencia se ha revertido atacando a la población heterosexual por igual. Aquellos intentos de los movimientos homofóbicos y ultrarreligiosos por tratar de banalizar el VIH/SIDA etiquetándolo de forma despectiva como el “cáncer gay” o la ira de Dios sobre la “Sodoma y Gomorra del Siglo XX” se quedaron hoy sin argumentos para seguir manipulando a la gente con sus ideas llenas de odio y verdadera maldad. Recordemos además que el mismísimo Papa Benedicto XVI ha repudiado el uso del preservativo por considerarlo pecaminoso, y no fue sino hasta finales de 2010 cuando después de fuertes protestas tuvo que flexibilizar su posición, lo cual demuestra su total desagrado por el tema, atentando con desencadenar una epidemia mundial con sus retrógrados sermones.

Mucho se ha dicho y escrito sobre los avances, estudios científicos, tratamientos, etc., pero lo cierto es que hoy en día esta ‘enfermedad’ (y lo pongo entre comillas simples pues el VIH por sí solo no es una enfermedad) sólo puede ser controlada con medicamentos antirretrovirales los cuales son proporcionados gratuitamente por muchos de los gobiernos de países desarrollados y algunos en vías de desarrollo, los cuales han tenido que asignar recursos debido a la presión de grandes organizaciones que luchan por los derechos humanos. A su vez, el bienestar emocional de la población que vive con el VIH es un aspecto que ha quedado relegado a algunas instituciones y fundaciones sin fines de lucro que con muy poco presupuesto proporcionan servicios de asistencia y apoyo a quienes más lo necesitan, ya que adicional al problema de salud se encuentra el tener que luchar contra las adversidades y lidiar con la absurda estigmatización que se ha creado en la sociedad por relacionarla directamente con una ETS (Enfermedad de Transmisión Sexual), pero ¿Qué de la cantidad de casos de contagio por transfusiones de sangre?, ¿Qué de las otras ETS como la sífilis, gonorrea, etc.?, ¿Por qué estas últimas sí son mas “aceptadas” o “permisibles” por la sociedad que el VIH?. 

A diferencia del cáncer, que al ser detectado a tiempo tiene altas probabilidades de curación, el VIH se instala en el cuerpo humano para toda la vida, colocando a quienes lo portan en una situación de permanente zozobra por un eventual ataque al sistema inmunológico. Imagínense llevar eternamente a cuestas una bomba de tiempo a sabiendas que podría estallar en cualquier momento, pues es así como vive la mayoría de los individuos portadores de este virus. Afortunadamente, y gracias a los tratamientos antiVIH, es posible prolongar la calidad de vida de los seropositivos, aunque estos medicamentos pueden producir otras complicaciones por los efectos secundarios. También hay casos excepcionales de personas portadoras que no han tenido necesidad de tomar terapia antirretroviral debido a que su organismo ha mantenido controlado el avance del virus de forma natural. Es en estos casos poco frecuentes donde la ciencia ha enfocado sus estudios para desarrollar una vacuna. 

De cara a la sociedad, una persona con VIH está en su derecho de mantener en reserva el resultado de la prueba si lo desea. Esto se justifica debido a que aún existe mucha ignorancia y desinformación respecto al tema, pero es importante que sea honesto con quien mantiene una relación de pareja o de sexo, ya sea en la actualidad o a futuro. Es indudable que el miedo al rechazo está presente en el momento de comunicarle a la pareja o ser querido de su situación, pero es necesario. Si el otro decide seguir adelante con la relación será una prueba irrefutable de amor puesto que demostraría su disposición de apoyar sin prejuicios al ser amado indistintamente de su condición de salud y sin cuestionar la forma como adquirió el virus. 

Debido a que cada ser humano es único y diferente, cada uno puede reaccionar de distintas maneras cuando es diagnosticado con el virus del VIH. No obstante, hay un patrón emocional que se presenta comúnmente en ellos y que comienza por un duelo personal, ya que no es fácil para ningún ser humano, por más fuerte e inteligente que sea, tener que afrontar una expectativa de vida menor a cualquier otra persona, además del miedo al sufrimiento y al rechazo. El apoyo de los seres queridos (familia y amigos) es muy importante en esta etapa y en gran medida ayuda a sobrellevar ese difícil momento. A muchos les cuesta superar esta crisis que puede llegar a casos severos de depresión, lo cual hace indispensable una ayuda profesional. Una vez superada esta fase se puede caer en una etapa de negación o de aceptación. Hablar del primer caso ameritaría un análisis más profundo ya que la negación puede tener muchas aristas tan complejas como el mismo ser humano y se apartaría de lo que realmente quisiera resaltar con el desarrollo de este tema. Por otra parte, están quienes luego de sufrir esa situación de duelo pasan a la etapa de aceptación, es allí cuando el individuo toma conciencia de su nueva condición y, dependiendo de cada quien, se comienza un proceso de transformación que por lo general contempla mejoras en sus hábitos de salud y de conducta, tanto física como mental. Muchos han alcanzado altos niveles de realización personal como consecuencia de haber aprendido a conocerse más reforzando así su autoestima, lo cual es muy necesario para confrontar con éxito una sociedad que a veces puede llegar a ser muy cruel e intolerante por la falta de toma de conciencia. 

Pero es precisamente esa particular condición de vida lo que hace de ellos unos seres tan especiales, dotados de una gran sensibilidad y de un particular sentido de automotivación. El sólo hecho de tener conciencia de la importancia de mantener una vida sana y positiva conlleva indefectiblemente a que se conviertan en mejores personas, dándole un valor a la vida quizá mayor que cualquier otro ser humano con un organismo sano. Es algo así como haber tenido que lidiar con una muerte inminente con la posibilidad de tener una segunda oportunidad de vivir. Esto sólo es comparable con quienes han experimentado la muerte muy de cerca y que luego de superarla se conectan con un profundo sentimiento de gratitud, logrando vivir más intensamente que antes y disfrutando cada día como si fuera el último de su existencia. 

Las personas con VIH merecen un trato digno e igualitario, y no pretendo con este artículo catalogarlos a todos como víctimas inocentes, pero tampoco voy a juzgar las circunstancias por las que llegaron a contraer el virus ni el grado de responsabilidad en el hecho, ya que todos hemos cometido errores en nuestra vida. Por ello, no caigamos en el lugar común de estigmatizar, discriminar y señalar con el dedo acusador. Aceptemos a los demás como son, con su pasado y su presente para juntos construir un mundo mejor. No nos conformemos con nuestras creencias inculcadas que a veces no nos permiten ver más allá, atrevámonos a cuestionarlas de vez en cuando y ver si aún tienen vigencia en nuestra vida actual. Reencontrémonos con nuestra parte positiva, dejemos de ser simplemente jueces humanos y tengamos apertura para trascender a verdaderos “seres humanos” conectados con la bondad, la aceptación, la humildad, la compasión y la igualdad. Es mucho lo que se puede aprender de alguien que haya logrado superar una de las pruebas más duras que el destino le pueda presentar a un ser humano. Pero está en nosotros abrir nuestra mente y aceptar que nadie está exento de esta condición, ni siquiera creer en la fidelidad absoluta de tu pareja es garantía de ello. El VIH existe, y todavía falta mucho para una cura, pero hasta que eso no ocurra no perdamos la oportunidad de brindarle a quienes lo viven nuestra solidaridad, ganarnos su confianza y darnos el permiso de conocer su historia para aprender de ella. Es muy probable que descubras que estás enfrente de un ser maravilloso, digno de admirar y con una capacidad infinita para amar y ser amado.

Escrito por: Rafael Baralt

Cifras y referencias:
(2) Artículo de El País de España: