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sábado, 12 de enero de 2013

Prostitución legal, ¿doblemente inmoral?

“Como todo niño latinoamericano, donde el machismo es visto como una virtud, fui convidado por mis amigos a ir a un burdel para ‘estrenar’ mi hombría con una mujer de la ‘mala vida’. Tan sólo tenía quince años, fue una noche saliendo de una fiesta. Estábamos algo embriagados, y yo muy emocionado. Entramos al lugar con identificaciones falsas (todos menores de edad), nos sentamos en la barra, se nos acercaron unas chicas bien exuberantes (una para cada uno), fijamos la tarifa y …

Esta historia (mi historia) es la de muchos otros hombres que pasaron por esa experiencia que bien podría catalogarse como “normal”. Recuerdo además que mis mayores me aconsejaban que era mejor hacerlo con una puta la primera vez. La verdad no sé si fue lo mejor, pero tampoco fue la última vez. Lo tengo en mi memoria como algo vago y nada trascendente, pero aún no logro borrar la cara de aquella mujer, la que me inició. Era bonita, delicada y olía a lavanda frutal. No me pasaba por la mente que había estado con miles de hombres antes que yo. Hoy en día la veo diferente, pero no a la experiencia, sino a ella: mi primera prostituta.

Es mucho lo que habría que decir sobre el oficio más antiguo del mundo. Algunos apoyan la prostitución, otros la encuentran repugnante. Pero lo que me motiva a escribir este texto es cuestionar la legalidad de la misma, en otras palabras, ¿debería ser legal? Es importante mencionar que la prostitución no es exclusiva de las mujeres, muchos hombres se han sumado al lucrativo ejercicio. Hoy en día es usual ver anuncios de estos profesionales en la sección de clasificados ofreciendo sus servicios de “masajistas” tanto a mujeres solas, hombres o parejas.

Haciendo un poco de historia, quizá la prostituta más conocida de que se tenga referencia –aunque no se tenga evidencia de ello- fue la pobre María Magdalena (para algunos una santa, para otros una gran pecadora). El hecho es que cualquier indicio de humanización de Jesús de Nazaret ha sido minimizado u opacado por la divinidad que sus apóstoles y seguidores le confieren, por lo que fue necesario condenar a esta mujer como la provocadora de los instintos carnales del “hijo de dios”. La verdad no pienso perder tiempo especulando sobre las intenciones que tuvo esta mujer, ni Jesús, ya con los evangelios tenemos suficientes contradicciones sobre el tema. Lo cierto es que gracias a ese mito se comenzó a ver la prostitución como algo pecaminoso, lascivo, demoníaco, etc.; estigmatizándola hasta la época actual en la gran mayoría de los países.

Si bien es cierto que muchas mujeres comenzaron a prostituirse por necesidad económica, también lo es que podrían dejar de hacerlo cuando esta situación mejore, consigan otro tipo de ingreso o simplemente lo deseen. Algún idealista o religioso diría que ”podrían conseguir un trabajo más digno”; en ese caso comenzaría por preguntarles qué significa “digno” para ellos, pues muchas prostitutas son más dignas que cualquier político encorbatado o que un pastor de congregación religiosa. También hay quienes la ejercen por convicción y les gusta lo que hacen. Sin embargo, en todos los casos el acto se realiza por consentimiento mutuo, previa fijación de una tarifa, y para beneficio de ambas partes.

Entonces, si nos quitamos el manto de “moralistas de iglesia”, entendiéndolo como nuestra capacidad para juzgar según nuestras creencias sobre “el bien y el mal” dogmático, podríamos esgrimir sobre las posiciones y/o razones que algunos sostienen para la no legalización de la prostitución:

1. La legalización / despenalización de la prostitución es un regalo para los proxenetas, los traficantes y la industria del sexo.
¿Un regalo?, precisamente los proxenetas y traficantes existen por la falta de protección legal que tienen las prostitutas, pues muchas tienen que acudir a ellos para ampararse del maltrato a que podrían ser expuestas en las calles. El problema se presenta cuando éstas se hacen víctimas de estos inescrupulosos que se lucran de ello. En todo caso, la ley tampoco los ampara, ni ahora ni con la legalización. Por otra parte, acerca que es un “regalo” para la industria del sexo, ¿algún problema con eso?

2. La legalización / despenalización de la prostitución y de la industria del sexo promueve el tráfico sexual.
Esto sólo pone de manifiesto la incapacidad de algunos países e instituciones para impedir y combatir la trata de personas. La legalización de la prostitución no puede ser una excusa para hacer cumplir la ley contra el tráfico humano. La proliferación de mujeres de países del tercer mundo en países desarrollados es sólo el reflejo de la falta de controles de tráfico de personas, y ello seguiría sucediendo con o sin la despenalización de la prostitución.

3. La legalización / despenalización de la prostitución no supone un control de la industria del sexo. La expande.
Eso depende, ¿es que acaso no se puede legalizar la prostitución a la par de controlar su industria? Además, este argumento tiene un trasfondo moralista que trata de hacer ver la prostitución como algo malo, pecaminoso y execrable. Ahora bien, referente a la palabra “industria”, es obvio que los seres humanos buscamos el lucro a costa de casi cualquier cosa. Los conservadores sostienen que con la legalización serían más rentables “otras formas de explotación sexual”, tales como: el strip-tease, los centros de esclavitud y disciplina, los sex shops, los juguetes eróticos y la pornografía. En este sentido, pienso que cualquier industria se mantiene y justifica porque existe un mercado; siempre habrá quienes consuman estos productos y/o servicios y es el mismo cliente quien elige usarlos o comprarlos; nadie los obliga.

4. La legalización / despenalización de la prostitución aumenta la prostitución clandestina, ilegal y la prostitución de la calle.
Este argumento se cae por sí solo: Si se legaliza dejaría de ser “clandestina” o “ilegal”. Sobre la prostitución en la calle, pues allí entrarían las leyes que regulen cómo y dónde pueden practicarlo, pero legalmente.


5. La legalización de la prostitución y la despenalización de la industria del sexo promueve la prostitución infantil.
Aquí se aplica lo mismo que planteé en el punto dos. Adicionalmente, la legalización de la prostitución debe contemplar regulaciones elementales de: edad mínima, condición de salud, nacionalidad, etc. Eso es más que lógico.

6. La legalización / despenalización de la prostitución no protege a las mujeres que están en la prostitución.
Otro argumento bastante insubstancial y absurdo, se supone que la legalización debería protegerlas, así como también contar con el amparo de las organizaciones de DDHH en todo el mundo (si es que sirven para algo).

7. La legalización / despenalización de la prostitución aumenta la demanda de la prostitución. Incentiva a los hombres a comprar a las mujeres por sexo en un entorno social más permisible y de mayor aceptabilidad.
Esto parece redactado por un cura bastante mojigato. ¿Y es que acaso el hombre ha dejado de sentir impulsos sexuales dentro de entornos pocos permisibles y de menor aceptabilidad? Además, el hombre no “compra a las mujeres”, paga por un servicio en común acuerdo con ésta.

8. La legalización / despenalización de la prostitución no promueve una mejora de la salud de las mujeres.
El dicho popular dice “todo en exceso es malo”, yo agregaría: hasta el sexo. Pero, ¿quién obliga a quién a hacerlo y con qué frecuencia? Decir que “no mejora” la salud de las mujeres afirma que éstas ya son insanas. Conozco prostitutas mucho más sanas que cualquier mujer con poca actividad sexual. Creo que más deterioro produce el celibato, inclusive daño mental. Ahora bien, si se tratara con dignidad a las prostitutas existieran organismos que fomenten la prevención de enfermedades, pero la despenalización por sí sola no implica “promover” condiciones de salud.

9. La legalización / despenalización de la prostitución no aumenta las posibilidades de elección de las mujeres.
Al contrario, las aumenta. Al tener más posibilidades de ejercer podrían exigir, y por ende escoger a quien ofrecer sus servicios. Precisamente la no legalización induce a que tengan que conformarse con los clientes que cometen la “ilegalidad” junto con ellas.

10. Las mujeres que están dentro de la prostitución no quieren que se legalice o despenalice la industria del sexo.
Esta es la perla final, quisiera conocer alguna prostituta que no desee trabajar legalmente dentro del país donde se encuentre. Pregúntenle a un inmigrante ilegal si no desearía vivir con tranquilidad jurídica y poder trabajar en el país donde decidió vivir. Por la única razón que veo que alguna prostituta no esté de acuerdo sería porque tendría más competencia.

Considero que la idea no es realzar la condición de prostituta/o, sino dignificar a la mujer o al hombre que lo es. Se trata de un trabajo que debería respetarse como cualquier otro, siempre y cuando no dañe o perjudique a otras personas. ¿Hasta qué punto estamos cubiertos por el velo de moralidad que nos han impuesto? Por otra parte, las parejas no deberían sentirse amenazadas por la existencia de quienes mercadean con su cuerpo. Si su relación es satisfactoria y lo suficientemente placentera no debería haber riesgo de una “infidelidad” sexual; pero si sucediera, habría que revisar las causas que lo originaron y no achacárselas a quien prestó el servicio sexual.

La verdad dudo que la prostitución deje de practicarse con o sin la legalización de la misma, por lo que no encuentro razones realmente importantes para que no se deba legalizar. Pienso que es hora de ver las cosas distinto, actuar diferente y darle un tinte más humano al dejar de estigmatizar. Tan sencillo como “vivir y dejar vivir”.

Por cierto, nunca más estuve con una prostituta, aquello sólo formó parte de mis experiencias de adolescente. Mis gustos han cambiado y no necesito de servicios de ese tipo para satisfacer mis necesidades sexuales. Pero considero a quienes sí lo desean y necesitan (sea cual sea la razón), sobre todo respeto a las prostitutas y prostitutos, que por simple convicción ejercen algo más que una labor social para una buena parte de la población mundial.

Escrito por: Rafael Baralt

viernes, 14 de diciembre de 2012

La MULA, el PAPA y el BUEY


Ay Santo Padre, Santo Padre, ¡cuántas metidas de pata llevamos hasta ahora! Las mías, como las suyas, vienen por hablar de más, pero al menos tengo la excusa de no ser infalible ni tampoco un teólogo eminente, como usted. Tampoco he presidido, como en su caso, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, conocida en sus tiempos más ardientes como el Santo Oficio de la Inquisición, ni sus cardenales me tomarán en cuenta como candidato para encabezar después de usted a la exitosa transnacional conocida como Santa Iglesia Católica, que tiene a un 38% de la población mundial convertido en creyentes bautizados (aunque no todos sean practicantes) y más de 6.000 obispos que viven a todo lujo. El motivo que me dan para descartarme como su sucesor es que soy agnóstico y no cura. Sólo por ese pequeño detalle no soy papabile. Esto no es justo. Por ser honesto, sincero y objetivo con mis creencias, se me está privando de la oportunidad de contribuir a un mundo ideal como el que describió Lennon en su canción Imagine, sin fronteras ni religiones. Le aseguro que mis metidas de papa, perdón, de pata, Santo Padre, acabarían destruyendo a la iglesia católica más rápido que las suyas. Pero en el fondo creo que me hubiese dejado quemar antes que aceptar sustituirlo en su cargo, aunque la papa me encanta y el arte del Vaticano también. No me quedan bien las sotanas ni el poder. Por si las moscas, ya la CEP (Curia Electora de Papas) está hablando del cardenal hondureño Oscar Rodríguez como reemplazo suyo, así que cuidado con ese, que no es tan bueno como yo, y que sólo me supera en que no le importa vestirse de rojo, según la moda que ha venido uniformando a la mitad de mi país. Afortunadamente para usted, cada vez que mete la pata le salen defensores corriendo como bomberos para apagar un fuego que no debió prenderse (nostalgia por las hogueras inquisitoriales, supongo) y gritando: es que el Papa no quiso decir… mientras a mí más de uno me dejará aplastado como tapita de refresco en la calle cuando lea este post. Nada que hacer, reconozco el masoquismo como parte de mi mala costumbre de decir siempre lo que pienso.

Querido Ratzinger, mientras usted salta salpicando de un pantano a otro, la iglesia está en peligro: el poder del elitesco Opus Dei tan favorecido por Wojtyla sigue siendo enorme; usted desprecia las corrientes populares como la Teología de la Liberación, que frenó hace 25 años, pero éstas siguen creciendo junto con distintas sectas interesadas en lucrarse a costa de la ignorancia del pueblo. Hasta hay algunas que comercian con santos y otras con el diablo. Esos y otros hechos le están quitando muchos creyentes al catolicismo. ¿Ve que aunque no me quieran para Papa sí me importa la iglesia, y la defiendo, poniéndolo al corriente del peligro que representan quienes prometen hacer que uno pare de sufrir? Y lo hago porque Su Santidad me ha aclarado algo que no entendía: cuando usted condena a los homosexuales por ser una gente que perversamente se ha hecho a sí misma contra la Voluntad de Dios, enseña algo que yo creía imposible y que me lleva a admirar el poder gay. También ha dicho que el escándalo de los curas pederastas es un pecado del que la iglesia debe arrepentirse. Usted tapó muchos de esos casos por proteger a su organización, lo cual es muy humano viniendo del representante divino, pero reconocer el error es de sabios. Lamentablemente, cuando dice que “la destrucción psicológica de los niños (abusados) es un signo aterrador de los tiempos” vuelve a sacudirse la responsabilidad que ha tenido la iglesia en la construcción de esos mismos tiempos. Es obvio que, aunque la iglesia católica condene el divorcio, hay uno clarísimo entre ella y su forma de entender al mundo actual. Todos estos errores y otros que no menciono se asocian con un vivir fuera de la realidad, como le pasa a los locos, y la verdad es que con todo esto me siento dentro de un mundo gobernado por locos.

También Su infalible Santidad dijo públicamente en su viaje a África que el uso del preservativo "no es la mejor manera para combatir el SIDA, ya que es necesaria una humanización de la sexualidad" porque esa pandemia "no se combate sólo con dinero, ni con la distribución de preservativos, que, al contrario, aumentan el problema". La verdad, yo siempre uso condón, prefiero la excomunión a una infección de transmisión sexual. Al menos sé lo que una ITS supondría para mi cuerpo presente, pero no me consta nada acerca del posible infierno futuro. Usted ha sido categórico al afirmar que “el infierno existe y es eterno, y además no está vacío”. Lo cual anula toda posibilidad de un dios de amor y misericordia aunque, si me equivoqué al ser agnóstico y por eso me condeno, su palabra asegura que tendré compañía divertida para siempre. Pero ese punto de vista es comprensible viniendo de alguien que pasó fugazmente en su adolescencia por las Juventudes Hitlerianas. Y hablando de Alemania, en la Universidad de Ratisbona donde usted mi querido Santo Padre fue profesor de teología, a diferencia de mi padre biológico que nunca ha sido santo ni profesor de nada, Su Santidad usó la siguiente cita del emperador bizantino Manuel II: “Muéstrame aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba”. Todos sabemos que la espada cristiana también sirvió de forma sangrienta a la evangelización, incluso desde antes que los dominicos usaran la hoguera, pero su desafortunada cita molestó a la numerosa población mundial musulmana, y usted tuvo que borrar el desliz con una breve oración dirigida hacia La Meca en su posterior visita a Turquía. ¡Bien por esa nueva rectificación del error! Si estoy equivocado en todo esto, yo también miraré hacia Roma y hasta iré a la Ciudad Santa a disculparme, si usted quiere. Aprovecharé el viaje para averiguar por qué se emplea tanto la palabra “santo” cuando se habla de usted, de la iglesia y de todo lo que le concierne, y para invitarle a considerar su retiro a tiempo. 



Volviendo a esos errores humanos, son comprensibles viniendo de alguien con su historia. Pero lo que sí me hiere profundamente y me cuesta perdonar es que en su reciente libro sobre La Infancia de Jesús, Su Santidad quite del pesebre a la mula y al buey, afirmando que esos pobres animales nunca estuvieron presentes en el nacimiento del niño más famoso del mundo. No me basta con que diga allí que la estrella de Belén fue una supernova, yo no tengo una ni soy astrónomo, pero sí tuve que regalarle hace poco a mi madre un nacimiento con mula y buey que me costó unos buenos reales. Para más pecado, incluye un pastor alemán y un elefante entre tanta oveja y camello. A pesar de que soy agnóstico, mi madre es mi madre y aunque sea católica, la amo. Ella me explicó que montar el pesebre es una tradición social que ha trascendido más allá de la religión, desde que Francisco de Asís inventó el primero por el año 1223. También me dijo que ese gran hombre defendió a los animales, viéndolos como los hermanitos menores de una humanidad supuestamente racional. Si la iglesia decidió hacer santo a Francisco, que respete sus aportes y entonces hacemos un trato: como artista que soy y niño que fui, me gusta la tradicional iconografía del belén montado con su mula y su buey. Si los deja tranquilos, puede quitar el ángel, ¿trato hecho? Piense que Lucas y Mateo sólo pudieron oír la historia del pesebre de labios de María, la única que también pudo contar lo que ese mismo ángel le dijo acerca de su Anunciación. ¿Por qué la virgen diría la verdad sobre ésta y mentiría acerca de los animales que estaban en el lugar donde parió sin perder la virginidad? Usted no estuvo ahí, ella sí. Así que no asegure con tanta firmeza que “en el portal no había esos animales”. Me solidarizo con ellos, como otro Francisco. Y si en vez de agnóstico yo fuese ateo e hiciera un nacimiento, claro que los pondría dentro de éste. Sólo a la mula y al buey, claro, a nadie más. Pero siendo agnóstico, puedo colocar a quien quiera, hasta al perro alemán. O a un Niño Jesús negrito. O incluso metería la paloma. ¿Por qué no? Es mi pesebre.

Por otra parte, ¿qué hacemos con la diversidad étnica de los Tres Reyes Magos, con sus turbantes orientales y túnicas bordadas en oro? También pagué por ellos cuando compré el belén para mi madre. Usted en su visita a Barcelona denunció “un secularismo fuerte y agresivo como el de los años 30 e instó a reevangelizar a España. Tal vez por eso, mi querido Benedicto,   usted afirmó también que Melchor, Gaspar y Baltasar procedían de Tarsis, un lugar que los historiadores ubican entre Huelva, Cádiz y Sevilla. Es decir, que los Reyes Magos fueron andaluces. Vestidos como sabios moros, a la moda de la época. Pero ese reconocimiento no basta para reevangelizar a un país ni para consolar a una de las regiones de España más golpeadas por la actual penuria económica y educativa, casi tan mala como la de Venezuela hoy, así que me solidarizo con el andaluz que declaró hace poco en un diario español:En plena crisis, sin paga de Navidad, y ahora nos vacían el Portal”. Por todo lo dicho, mi querido y falible Santo Padre, le invitó a desdecirse como ya lo ha tenido que hacer en otras ocasiones y a dejar tranquilos a la mulita y al pequeño buey. Como sea, sólo asoman el hocico una vez al año, y además son animales estériles, aunque se hayan multiplicado a través de tantos pesebres y siglos, lo cual es un milagro. No me quite mi poquita fe en los milagros, Santo Padre, por favor. No olvide que, según usted, lo que me espera en la eternidad no es bueno. Tenga compasión. Mire que casi es Navidad. Gracias.

Escrito por: Gustavo Löbig

viernes, 23 de noviembre de 2012

El absurdo pecado de la desnudez


Hay algo innegable, y es que todos nacimos descaradamente desnudos. ¿En qué momento nuestro cuerpo dejó de inspirar ternura para convertirse en un instrumento «vergonzoso» que deba ocultarse? La explicación puede ser tan amplia y antigua como la historia misma de la humanidad. Básicamente se debe a una necesidad de preservación y abrigo. En las épocas prehistóricas el clima era verdaderamente inhóspito y los primeros hombres comenzaron a protegerse de los elementos cubriéndose con pieles de animales. La indumentaria fue evolucionando a lo largo de los siglos y de las culturas, incluso ha llegado a convertirse en un símbolo de poder para distinguirse entre los distintos grupos sociales. Es perfectamente entendible que como parte de la evolución se haya sofisticado el uso del vestido utilizando telas que se adapten mejor al tipo de clima, piel y de actividad. Pero hay quienes lo usan para crear una imagen de superioridad: reyes, monarcas, jueces, ministros de iglesias, etc. Por cierto, ¿alguien se imagina al Papa actual vistiendo de jeans, zapatos de goma y manga corta?, no lo creo, eso sería rebajarse al común de los humanos.

Ahora bien, es indudable el valor de las prendas de vestir, ya que entre otras cosas ayuda a mantener la higiene personal. No me veo sentándome en el sucio asiento del vagón del metro haciendo contacto directo con las nalgas (más aún sabiendo que ya otros han hecho lo mismo), pero sí cuestiono que sea un delito hacerlo. Nunca olvidaré que hace unos cuantos años, a una amiga europea se le ocurrió hacer topless en una playa de mi país (Venezuela); a los pocos minutos llegó un policía que quería meterla presa por “actos públicos inmorales”. Mi amiga obviamente no entendía nada de lo que estaba pasando, y me costó explicarle sobre la obtusa mentalidad de acá.

Como condicionamiento social, me parece totalmente ridículo que tengamos que usar chaqueta y corbata para trabajar en zonas tropicales con altas temperaturas -independientemente a que las oficinas tengan aire acondicionado-. Es increíble que tengamos que acatar estos códigos sociales en detrimento de nuestra comodidad. Todos sabemos lo incómodo que es pasar un día completo con un pedazo de tela amarrado al cuello. Más allá de la elegancia, en el fondo estás deseando que termine rápido la jornada para quitarte ese disfraz que en mala hora adoptamos de países fríos.

Pero obviamente no podemos olvidar la etiqueta: «vergonzoso», ¿de donde creen que se originó esta connotación?, pues claro: de las religiones. ¿Qué más representativo que el dogmatismo religioso para condenar, criminalizar, estigmatizar, señalar, etc.? No olvidemos que desde los orígenes del cristianismo se ha considerado el cuerpo humano como pagano y pecaminoso, y nuestros órganos sexuales como partes impuras. En este sentido, ¿cómo puede ser pecado algo que es imagen y semejanza de dios? Esta es una de las infinitas contradicciones religiosas. Pero lo más insólito es que esta creencia ha trascendido de forma tal que hemos llegado a criminalizar el desnudo por considerarlo inmoral y fuera de las buenas costumbres, ¿cómo demonios puede ser inmoral mostrar nuestra intimidad por completo? Quizá para muchos conservadores esto sería impensable: el poder salir un día de casa a comprar el periódico dejando que las pelotas se balanceen libremente (ellas también tienen derecho a sentir la frescura de la mañana), o que las mujeres puedan pasear sus mascotas por el parque con su hermoso pecho al descubierto y en completa armonía con la naturaleza.

Ni hablar de Adam y Eva, que cuando son representados en obras pictóricas aparecen con hojas de árbol cubriendo sus partes íntimas -la verdad es que la imaginación humana a veces puede ser muy pacata-. ¿Sería blasfemo dibujar a la Virgen María con su niño en brazos sin nada de trapos encima y mostrando sus senos?, seguro que sí, ¿cierto? ¿Podríamos imaginarnos a Jesucristo en la cruz sin su taparrabo de tela? (eso sería lo más seguro, ya que luego de ser víctima de las vejaciones y de arrastrar la cruz seguramente habría quedado totalmente desnudo), ¿hay algo de malo o indecoroso en ello? Sé que muchos al leer esto se les puede estar revolviendo la bilis y es entendible. Estos símbolos son “impolutos” y el sólo hecho de imaginarlos desnudos sería un acto irreverente. Pero ese sentimiento es la mejor demostración del condicionamiento dogmático que nos han inculcado. Esta visión religiosa ha sido tan fuerte y arraigada en la sociedad occidental que hemos desarrollado el pudor, lo cual no sucede en tribus del África donde es usual mostrarse al natural. Aquí es al contrario, si una mujer usa un escote prominente inmediatamente es catalogada de puta, y si a un hombre se le marca el pene a través del pantalón es un depravado (ambos casos pecadores insignes). A propósito del pudor, recuerdo haberlo sentido intensamente la primera vez que fui a una playa nudista. Eso fue hace unos 10 años en Orient Beach en la isla de Saint Marteen, me costó mucho deshacerme de mi traje de baño, pero una vez vencido el miedo fue una de las experiencias más liberadoras que recuerde haber vivido (si no lo han hecho se los recomiendo). Pero es precisamente el origen de ese miedo lo que me interesa resaltar, y fue debido a mis creencias impuestas desde niño sobre la desnudez, ¿les suena familiar?.


Pienso que el mayor de los daños que ha hecho la religión sobre el desnudo humano es señalar nuestro cuerpo como algo prohibido, y ya sabemos perfectamente como reaccionamos ante lo no permitido. Puesto que las partes púdicas son “pecaminosas” y deben taparse, no le queda más remedio al hombre y a la mujer que desarrollar la curiosidad de lo que hay ahí, de cómo “lo” o “la” tendrá. No en vano la pornografía es el comercio más fructífero en el mundo. En los casos más graves, esta estigmatización al desnudo puede ocasionar muchas perversiones producto de la misma represión. Todo es una cadena de eventos, ¿se imaginan un mundo donde sea permitido andar por la calle sin ropa alguna  sin temor a ser señalado o arrestado? Tendría que pasar mucho tiempo para adaptarnos a esa costumbre y se vea como “normal” lo que hoy es considerado como anormal.

Afortunadamente hay gente en el mundo que se encarga de enaltecer la desnudez. Spencer Tunick considera que el desnudo es un arte del cual no debemos avergonzarnos. Ya se ha hecho famoso retratando numerosos grupos de personas en entornos urbanos, inclusive estuvo en Venezuela donde logró una convocatoria bastante escasa, lo cual refleja nuestra mentalidad tan cerrada (yo no participé en ese evento porque no tuvo mucha publicidad, pero no pienso perderme esa experiencia la próxima vez). También es importante mencionar que existen grupos de personas en algunos países hispanos como: España, Chile y Argentina que practican el nudismo como un acto natural que forma parte de sus tradiciones. Acostumbran bañarse juntos, comer y realizar actividades al aire libre sin indumentarias molestosas, pero obviamente deben hacerlo en privado.


Mientras escribo este artículo estoy como vine al mundo, decidí hacerlo para conectarme con el tema, pero me estoy dando cuenta de que puede ser incómodo. El contacto directo de mi piel con la silla de cuero hace que sude mucho y literalmente “las tengo sancochadas”. De verdad reconozco la utilidad de unos buenos calzoncillos, pero esta sociedad no permite que ni siquiera pueda salir a botar la basura a la calle exhibiéndolos –me quedaré con las ganas de mostrar en público mis Dolce & Gabbana-.

En conclusión, como ser civilizado que soy me he acostumbrado a usar ropa, me gusta exhibirla en fiestas y reuniones, y algunas veces me hace sentir importante; pero no olvido que es mi cuerpo el que oculto tras esa vestimenta y no siento vergüenza de él. Comparto los códigos de comportamiento en sociedad, si no todo sería un caos, pero no comparto la creencia de que mis partes íntimas sean un pecado. Mucho menos considero indecente el nudismo, ya que la verdadera libertad no lleva velos impuestos y la intimidad comienza por descubrirnos nosotros mismos.

Escrito por: Rafael Baralt

viernes, 5 de octubre de 2012

De dioses y otros seres alienígenas


¿Estamos solos en el universo? Ésta es la pregunta que muchos de nosotros nos hemos hecho alguna vez. En nuestro interior se siente una extraña sensación de miedo, disfrazada de morbosa fascinación, al imaginar que pueda existir vida inteligente fuera de nuestra esfera terrestre. ¿Cómo serían esos seres?, ¿qué aspecto tendrían?; y sobre todo, ¿cómo sería su reacción al descubrirnos a nosotros? Ante estas interrogantes se abre una gama de posibilidades donde la ciencia y la religión han fijado posición, mientras que los puntos discordantes de estos extremos caen frecuentemente en el campo de la superstición. ¿Qué pasaría con la figura de dios si se descubre vida inteligente en otros planetas?, ¿sería “nuestro” dios el mismo creador de esas criaturas interestelares? En todo caso, vale la pena repasar brevemente lo que mantienen ambas posiciones sobre este tema tantas veces debatido por filósofos, teístas y no creyentes.
 
La comunidad científica mantiene una postura reservada sobre el tema, ya que aún no se cuenta con evidencia conclusiva sobre vida en otros planetas. Hasta ahora lo único que se tiene es una pequeña muestra de la superficie de Marte con lo que parecen ser microorganismos fosilizados. Algunos astrónomos e investigadores sostienen que la vida extraterrestre es factible debido a que nuestra galaxia es apenas una entre billones en el universo; y si todo proviene de un mismo evento (el Big Bang), entonces existe la probabilidad de que otras formas de vida a años luz de la nuestra se hayan podido desarrollar bajo distintas condiciones cósmicas. El proyecto SETI (Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre), que en un inicio fue patrocinado por la NASA, tiene como misión el rastreo de los cielos con el fin de encontrar vida extraterrestre inteligente; hasta ahora sin resultados positivos. 
 
Por otra parte, las religiones más importantes muestran serias contradicciones respecto al tema. Por ejemplo, la musulmana contempla en uno de los pasajes del Corán: “Y entre sus señales está la creación de los cielos y la Tierra y las criaturas vivas que Él ha esparcido a través de ellos”; con esto se “defiende” ante una eventual aparición de vida inteligente extraterrestre, pero no dice cómo deberían actuar sus seguidores si la Tierra fuese objeto de colonización o ataques por parte de esos entes creados por el mismo dios, ¿con qué intención Alá esparciría la vida en el cosmos para luego ver como se destruyen entre ellos? Igual pasaría con los judíos, ¿aceptarían a un mesías con una morfología de reptil aunque porte Kipá? Los hindúes y budistas parecieran tener una posición algo más flexible debido a sus particulares preceptos sobre dios y el cosmos; sin embargo, sería interesante conocer su nivel de apertura si recibiéramos la visita de un alien con aspecto similar al de una iguana caminando en dos patas, descendiendo de una nave interestelar y proclamando ser el representante de dios en el universo. Los cristianos la tienen algo difícil, ya que ellos sostienen que Jesús fue el único hijo de dios, hecho a su imagen y semejanza, lo cual le confiere a la humanidad una condición de predilección frente a cualquier otro ser viviente y con inteligencia en el universo; ante esa aseveración considero que el cristianismo quedaría muy mal parado si descubriéramos seres con inteligencia superior a la nuestra, ¿qué sentido tendría que dios escogiera a la raza humana como favorita desdeñando a otras más avanzadas en todos los sentidos? Por su parte, los católicos argumentan que en los documentos del Concilio Vaticano II (Lumen Gentium), la iglesia abrió una muy pequeña posibilidad: que cuando se habla de la salvación en Jesucristo, no se remite únicamente a la vida en la Tierra, sino a la posibilidad de vida en cualquier parte del universo, lo cual indica que la iglesia “nunca ha descartado que sea posible la vida (humanoide) en el resto del universo”; en otras palabras, según el catolicismo no existe contradicción puesto que dios creó el universo entero. Ésta es la posición oficial de la iglesia, pero obviamente también se cae por sí sola si aparecieran seres no humanoides con inteligencia superior (por cierto que aquí se aprecia una cierta arrogancia al intentar colocar al hombre como el centro del universo y hecho a semejanza de un único creador). Para los católicos también cabría el siguiente planteamiento: sabiendo que ese dios envió a su mesías hace 2000 años a la Tierra y suponiendo que existiese vida inteligente en algún lugar del espacio sideral, ¿habría hecho lo mismo en otros planetas?, es decir, ¿enviaría al mismo u otros mesías a esos recónditos lugares del universo?, ¿dónde quedaría nuestra exclusividad como raza humana privilegiada en la Tierra?, ¿quiere decir entonces que la figura de dios es necesariamente humanoide?
 
Más allá de estos hipotéticos escenarios sobre acontecimientos que quizá nunca sucedan se encuentran los eventos que ciertamente encajan dentro de la índole especulativa y supersticiosa. Así pues, están los cientos de avistamientos de objetos voladores no identificados surcando los cielos terrestres; inclusive se especula que ya hemos sido visitados por criaturas con tecnología de avanzada para la época capaz de mover grandes rocas por el desierto egipcio para construir las pirámides; o pinturas rupestres con lo que parecen ser extrañas naves sobre el cielo paleolítico; o las famosas líneas de Nazca en Perú que sólo pueden ser apreciadas desde el aire como si con ellas se quisiera transmitir algún tipo de mensaje a visitantes de otros mundos; el sonado caso Roswell que se presume cuenta con evidencias de restos de un OVNI con todo y tripulantes. Algunos hasta aseguran haber sido víctimas de abducciones a naves espaciales donde se les han realizado experimentos e implantado chips; imposible dejar de nombrar a los reptilianos (reptiles humanoides) que supuestamente se originaron como la evolución de una raza inteligente en nuestro planeta simultáneamente con la humanidad pero de origen extraterrestre y que actualmente conviven con nosotros. Obviamente, ninguna de estas especulaciones ha podido ser demostrada científicamente, por lo que no constituyen evidencias probatorias de vida extraterrestre.
 
Lo que sí se puede concluir es que la posible aparición de seres inteligentes no humanos provenientes del inmenso espectro astral sería algo realmente aniquilador para las religiones. Absolutamente todas tendrían que reacomodar, como lo han hecho en el pasado, sus pasajes bíblicos forzando los mismos para darles nuevas interpretaciones que contemplen tales eventos: “en verdad dios quiso decir que (…)”. Una vez más la Biblia y demás libros sagrados quedarían relegados al lugar que les corresponde dentro del mundo de la fantasía creada por el hombre de la antigüedad. Pero imaginemos por un momento que realmente existe un único creador del universo, un dios superpoderoso que esparció la semilla de la vida en varios planetas; supongamos además que al igual que lo hizo en la Tierra transmitió su “palabra” a esos seres extraterrestres de la misma manera. A su vez, conociendo que la evolución de las especies depende de las condiciones del medio ambiente, entonces en algún planeta del vasto universo, quizá a millones de años luz, se repetiría la historia de un tal ‘Adán’ alienígena de piel escamosa color verde brillante, con tres grandes ojos y largos tentáculos como brazos; en un ‘Edén’ con dos imponentes lunas y lagos de mercurio líquido que proyectan su reflejo en frondosos árboles con hojas semejantes a paneles solares; donde habita una ‘serpiente’ con seis patas ponzoñosas que habla un extraño dialecto extraterrestre y tienta con una resplandeciente ‘manzana’ que como kriptonita seduce a una tal ‘Eva’ alienígena -quien salió de la costilla del verde Adán- que luce una larga cabellera de gruesas hebras metalizadas y sensuales pestañas en su tercer ojo del mismo material ferroso; ésta sucumbe ante la tentación de la fruta fosforescente propinando un placentero mordisco con sus filosos colmillos de plutonio esparciendo con su atrevimiento el ‘pecado original’ en todo aquel entorno cósmico.
 
Finalmente, si para el catolicismo somos “imagen y semejanza de dios”, lo cual le concede un aspecto humanoide a ese creador, ¿será entonces que existen muchos dioses con distintos aspectos comandando los destinos en otras galaxias?, ¿será que sólo hay un dios pero muy distinto al que nos han pintado las religiones?, ¿será que no existe ningún dios y que toda forma de vida en el universo es producto de un azaroso accidente químico-cósmico? Al fin y al cabo tanto dios como alienígenas inteligentes seguirán siendo un gran misterio hasta que existan pruebas contundentes de su existencia, y esa incuestionable verdad sólo aumenta mi evidente agnosticismo.
 
Escrito por: Rafael Baralt

jueves, 30 de agosto de 2012

¿Dos mil años de farsa?


A pesar de la poderosa realidad  económica y política de una iglesia que no fue fundada por Jesucristo, tan apegado según los evangelios a las tradiciones judías, existen dudas acerca de su existencia como personaje histórico. Eso viene de que su ministerio público se sitúa en un lugar culturalmente atrasado y de segundo orden dentro del  Imperio Romano, donde no quedó registro de su vida ni de su muerte, pero que abundó en  profetas, mesías, rebeldes y crucifixiones. Es un hecho que si Constantino no hubiese escogido la fe del cristianismo primitivo entre varias posibilidades, para unir y controlar mejor a las variadas poblaciones bajo su dominio, otra sería la historia del mundo. Plinio el Menor y Luciano de Samosata citan a la secta de los cristianos, que vivían de acuerdo a las leyes de un tal Jesús y se caracterizaban por creerse inmortales y despreciar los bienes materiales. Reposa en el Museo Británico la carta de cierto Mara-Bar a su hijo, escrita más de 70 años D.C., donde habla de un Jesús Rey de Israel, que siguió viviendo en las enseñanzas de sus seguidores. Y hay muy poco más que sirva de base histórica a la existencia de Jesucristo. La evidencia más sólida se basa en la cantidad de mártires que murieron por su fe, pues es sabido que nadie daría su vida por una mentira. Pero también se sabe que la manipulación de la inocencia y de la ignorancia crea mártires de la fe, sean judíos, cristianos o musulmanes. La tradición y el poder de la iglesia han legitimado la existencia de Jesús Hijo de Dios durante dos mil años. Pero hay quienes apoyan la tesis de que Jesucristo no existió, señalando que su nombre aparece registrado por primera vez casi un siglo después de su supuesto nacimiento, debido a las persecuciones de la secta cristiana. Ni Filón, ni Plutarco, ni Séneca hablan de él o de sus apóstoles, que sólo viven en documentos eclesiásticos. Los únicos autores antiguos profanos que han hablado brevemente de Cristo, bastante después del Año Uno, fueron Josefo y Tácito, muchas de cuyas líneas han sido falsificadas; y Suetonio y Plinio, que entran en pugna sobre el tema. Ninguno de los personajes  que debieron tener tratos con Jesús, como Pilatos, Hanán, Caifás, etc, dejó rastro en su historia de estas relaciones. Los únicos testimonios que tratan abundantemente sobre la vida y obra de Jesucristo son los evangelios, que datan de los siglos III y IV D.C. y no son prueba firme de la existencia de Jesús, por estar plagados de diferencias y omisiones y haber pasado por infinidad de traducciones, censuras, filtros y adaptaciones, lo que descarta el que puedan ser aceptados literalmente. También cabe recordar que varios personajes míticos similares a Jesús lo han precedido históricamente en otras culturas: Vishnú, Krishna, Buda, Mitra, Horus, Baco; y que algunos generaron ritos y creencias adoptados por los primeros judeocristianos, ansiosos de contar con una identidad propia y ganar prosélitos  entre los seguidores de esos otros cultos. Finalmente, todo escrito, como todo arte, es hijo de su época, y el contexto cristiano primitivo dista mucho más de dos mil años de nuestra realidad presente.

Pero el punto no es si Jesucristo vivió y murió, o si su cuerpo resucitado vive en algún lugar del Universo, ya que hoy en día evidentemente no existe fuera del creyente y de la iglesia que lo usa como emblema para validarse a sí misma. El punto es que su legado no extirpó la raíz del mal en la Humanidad, sino que fue utilizado por la adicción al poder para añadirle más sangre a la historia, aunque indiscutiblemente también abrió una senda de amor que ha servido para que los depredadores del prójimo, así como sus víctimas, pudieran ver otras opciones de vida y de conducta fuera del mal y el sufrimiento. Está fuera de discusión la incongruencia entre la rica y poderosa iglesia católica y el meollo del mensaje cristiano, ajeno a todo boato y poder temporal. También es claro que la mayoría de los creyentes son no-practicantes, nacidos de la costumbre, el aprendizaje o la conveniencia pero poco dados a seguir el ejemplo de Jesús. Y es lógico que sea así, pues ¿quién puede imitar a Supermán? Porque de esa manera podría llamarse también al Hijo de Dios, nacido perfecto y sobrehumano en comparación a cualquier hijo de una no virgen. Yendo más allá, cabe preguntarse: ¿fue Jesús, aparte de predicador del amor y el perdón, un hombre de moral amplia, inclinado a frecuentar fariseos y prostitutas por sentirse aburrido del bajo nivel cultural de sus toscos y sencillos apóstoles? ¿Perdería credibilidad de haber sido hermano de Santiago, o hijo carnal de José o de un soldado romano, como sostienen algunos? ¿Seguiría siendo aceptable su discurso, si hubiese tenido sexo o hijos con María Magdalena? ¿O si hubiese sido amante de Juan el discípulo amado? ¿No son éstas algunas posibilidades muy humanas, propias del llamado Hijo del Hombre, ya que las mismas no invalidan su mensaje de amor y de solidaridad, excepto para las mentes inferiores, siempre hipócritas, cerradas o mezquinas? ¿Hay que ser el Hijo único de Dios para resultar creíble? Entonces, ninguno de nosotros puede expresar la verdad. Es un alivio para mí poder verter aquí, ya adulto, estas inquietudes, porque cuando tenía ocho años, durante mi preparación para hacer la Primera Comunión, pregunté al cura si Jesús también tenía pipí y hacía pupú, lo que me valió un fuerte coscorrón, la fama de estar poseído, y todo un mes asustado y durmiendo mal, esperando al diablo y sin derecho a confesión ni comunión. Creo que así nació mi temprano agnosticismo, probándose lo de “no hay mal que por bien no venga”.

En los evangelios cristianos la sexualidad de Jesús grita alto precisamente porque jamás se la menciona, pero algunos hechos referidos en esos textos dan a pensar que pudo ser homosexual, mientras otros muestran que siempre actuó como un líder absolutamente masculino, consciente de su atractivo carisma sobre las multitudes. Alejandro Magno usó estratégicamente su apostura y su homosexualidad haciendo marketing político, lo que le valió conquistar el mundo conocido en su época. El poder material, político y social de la iglesia católica viene de su dominio del marketing religioso, que también la ha llevado a dominar gran parte del mundo durante siglos, y que sólo le ha fallado ocasionalmente en tiempos modernos, como cuando se revela homofóbica, o es contraria al sexo fuera del matrimonio, o prohíbe el uso del condón, sin olvidar los escándalos sexuales entre sus representantes y seguidores, lo que evidencia su debilidad en el manejo del tema sexo-pecado-culpa. Pero hay que aceptar que la iglesia es lo que es. Más que las incongruencias de esa institución típicamente humana, importan las que logramos reconocer internamente cada uno de nosotros, porque en la medida que las hacemos conscientes, podemos superarlas y ganar en autenticidad. Por eso concluyo invitándote a conocerte más, abriendo tu mente y reflexionando sobre estos supuestos: ¿rechazarías a Jesucristo y a su mensaje en caso de haber sido gay, o pareja sexual de María de Magdala o de otra mujer, o porque su madre no fue virgen antes o después de traerlo al mundo? Abundan quienes están tan acostumbrados a un Jesús asexual que asocian esta alternativa con bondad, pureza o santidad, y se esfuerzan por imitarla, aunque en otras instancias de la vida procedan de manera netamente injusta o dañina hacia sí o hacia otros. De tales prejuicios nacen muchas discriminaciones, ataques y neurosis, juicios de valor, culpa, injusticias, máscaras hipócritas e incluso fanatismo. Sincerar este punto aunque suponga irreverencia, es apoyar el propósito cristiano de servir al prójimo y también el de este blog, apto para librepensadores y abierto a todo comentario o aporte constructivo.

Escrito por: Gustavo Löbig