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sábado, 26 de octubre de 2013

A lo mero macho religioso

"Por el buen orden de la familia humana, unos han de ser gobernados por otros más sabios que ellos; por ende, la mujer, más débil en cuanto a vigor de alma y fuerza corporal, está sujeta por naturaleza al hombre, en quien la razón predomina. El padre tiene que ser más amado que la madre y merece mayor respeto porque su participación en la concepción es activa y la de la madre simplemente pasiva y material."
San Agustín de Hipona
(Santo, Padre y Doctor de la Iglesia Católica)

Nos guste o no, pertenecemos a una sociedad donde es evidente el predominio del hombre sobre la mujer, aunque tengan los mismos derechos. El desequilibrio entre los géneros ha sido una cualidad tan común que se ha permeado en la crianza y educación formal, hasta formar parte de nuestras tradiciones y costumbres. Pero, ¿cómo se originó tal disparidad?, ¿qué hace que en la actualidad se siga viendo a la mujer como un ser inferior al hombre?, ¿por qué la mayoría de los hombres y mujeres toleran este desbalance social y cultural?

Más allá de las limitaciones de índole corporal, hay tareas que se han ajustado de acuerdo al sexo y condición física. No obstante, la importancia de cada actividad no debe medirse por el grado de fuerza requerida sino por su aporte a la sociedad. Es decir, no es menos importante tejer un abrigo que taladrar una acera. Si bien una actividad requiere de mayor fuerza física, ambas son importantes, necesarias e inclusive dependientes unas de otras.

Lamentablemente existen los extremos: el machismo –es su más básica acepción– es el conjunto de creencias, costumbres y actitudes que sostienen que el hombre es superior a la mujer en inteligencia, fuerza y capacidad. Por más ridículo que esto parezca, existen millones de individuos de ambos sexos que avalan y promueven esta retrógrada ideología. Ahora bien, no es menester de este artículo degradar las actitudes asociadas al machismo como la homofobia, heterosexismo, discriminación, sometimiento, maltrato a la mujer, violencia doméstica, etc. Ni tampoco aupar el feminismo, que a mi parecer es el extremo opuesto del machismo. Más bien, quisiera adentrarme en las posibles causas de esta conducta tan presente en nuestra cultura latina.

Precisamente, no es coincidencia que en los países con mayor arraigo religioso se ponga más en evidencia el comportamiento machista. Como bien decía el escritor peruano y Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, "es un problema muy arraigado en América Latina”. Remarcó, además, que el machismo se observa en buena parte del mundo, aunque en Latinoamérica se da con una mayor crudeza y brutalidad que en las sociedades más avanzadas donde se disimula mucho.

Entonces, ¿existe alguna relación entre religión y machismo en cualquiera de sus manifestaciones? La respuesta es SÍ, como era de esperarse. Hace unos meses acompañé a un amigo a una ceremonia judía en una sinagoga. Forzosamente tuve que usar el kipá para entrar al recinto lleno de varones. En los balcones laterales del lugar, apartadas, se encontraban las mujeres. La razón: las mujeres son impuras y deben mantenerse alejadas de los hombres en recintos sagrados. En el judaísmo las mujeres ultrarreligiosas deben cubrirse el pelo con peluca (cosa tan absurda) y ocultar sus piernas, no hace falta explicar las razones (son obvias). Por su parte, el islamismo tiene tradiciones que palpan lo sangriento como apedrear a los homosexuales y a las mujeres infieles (lo cual no sucede con los hombres «machos» que sí pueden tener varias mujeres). El Corán ordena claramente: Manteneos apartados de las mujeres durante la menstruación, y no os acerquéis a ellas hasta que queden limpias; y cuando queden limpias, id a ellas como Dios os ha ordenado(Sura 222). Pero el premio mayor –quizás porque nos toca más de cerca– se lo lleva la religión católica. Hasta hace muy poco (alrededor de los años 60/70) las mujeres no podían entrar a una iglesia sin velo para no incitar a los hombres y por respeto a dios. La participación de la mujer moderna en el seno de la iglesia es prácticamente nula, como siempre ha sido en la tradición eclesiástica. Ni siquiera son tomadas en cuenta en los cónclaves para elegir al Papa. Tampoco es de extrañar que no existan sacerdotes ni cardenales mujeres, ni ninguna con una posición de importancia en la toma de decisiones en el Vaticano (En este punto no nombro a símbolos como las santas, ya que estas fueron reconocidas después de muertas; o la Virgen María, cuyo “mérito” fue haber dado a luz –¿sin pecado concebida?– al “hombre” «hijo del mismo dios», quien nunca dejó instrucciones para que se construyeran templos en su nombre). Adicionalmente, existen muchas referencias machistas en la Biblia, por ejemplo:

“A la mujer dijo (Dios): Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolores darás a luz a los hijos, y tu deseo será para tu marido y él se enseñoreará de ti” Génesis 3:17

“Habla a los hijos de Israel y diles: La mujer cuando conciba y dé luz a un varón, será inmunda 7 días.... Y si diera luz a una niña, será inmunda dos semanas..." Levítico 12: 1-2

"Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos. Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón."  Pedro 3:1

"Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice”.  Corintios 14: 34-35

“Si resultase verdad que no se halló virginidad en la joven, entonces la sacaran y la apedrearan los hombres de la ciudad, y morirá..." Deuteronomio 22:21

Después de estas perlas bíblicas, escritas a lo mero macho, se puede explicar el éxito del machismo en nuestra cultura influenciada por el catolicismo. No abundan los creyentes de esta religión que cuestionen los preceptos de su libro sagrado; al contrario, aceptan o dan por sentado que el hombre predomina sobre la mujer, ya que es palabra de dios (por cierto, un dios hombre). Mientras estas religiones ortodoxas sigan influyendo de manera negativa en sus seguidores se hará más difícil acabar con el machismo. La buena noticia es que cada vez somos más los que abrimos los ojos y nos atrevemos a ver más allá de las creencias impuestas a través de los años. La senda del librepensamiento va ganando simpatizantes, pues los derechos y la auténtica igualdad entre las personas –sin importar su sexo o elección sexual– debería ser una premisa universal.


Escrito por: Rafael Baralt

sábado, 27 de abril de 2013

¿Santo yo?


Hace un año tuve una experiencia casi mística, de esas que te dejan en estado de introspección por días. Fue durante el velorio de Nico, un gran amigo. Salió un sábado por la noche a tomarse unos tragos. Tenía años en eso, ni siquiera los cuarenticinco eran impedimento para seguir en el bonche, las discotecas y cuanto lugar de moda existía dentro de la jungla nocturna caraqueña. Eso no lo hacía ni más ni menos bueno, simplemente él era así de enérgico. Esa noche salió del bar, rozaban las 2:00am. Tenía unos tragos, unos pocos, los suficientes como para manejar consciente. Se montó en su camioneta sin percatarse que era vigilado. Al cruzar por una de las avenidas rumbo a su casa fue interceptado para robarlo. Él, de forma instintiva, apretó el acelerador perdiendo el control y chocó contra un poste. Los malnacidos, al sentirse frustrados en el robo, le propinaron cuatro disparos y lo dejaron desangrarse con su cinturón de seguridad puesto. Ese fue un episodio más de nuestra usual crónica citadina. Algunos diarios publicaron una discreta reseña del suceso. Pero el hecho es que estaba allí, junto a su urna. Todos los amigos estábamos en la funeraria ese día. Sentía rabia y tristeza. Yo sabía que Nico no era católico, aun así le prepararon una típica ceremonia religiosa. Le di el pésame a cada miembro de su familia, a unos los conocía, a otro no; como esa señora de arrugas acentuadas que no dejaba de verme. Me agarró por un brazo y me dijo al oído: “él ahora descansa en paz, al lado de Dios. Porque él era un santo, ¿lo sabías? Nico era un santo”. Comenzaban los rezos y yo me adelanté para darle el último adiós a mi amigo. Lo vi a través del cristal. Parecía sereno, ciertamente en paz. En ese instante comprendí lo que quiso decir esa mujer desconocida, pero no porque Nico fuera en verdad un santo, sino porque era fácil percibirlo como tal.

El relato, tomado de una vivencia propia, me motivó para desarrollar este tema que venía revoloteando en mi cabeza. Un asunto tan obvio y cotidiano que pasa desapercibido por lo “normal”, a no ser por la carga de manipulación intrínseca. Ciertamente Nico fue una gran persona y el mejor de los amigos, de eso no cabe duda, pero no fue un santo en el sentido estricto de la palabra.

El término santo se utiliza con mucha ligereza en nuestro argot coloquial. Se le otorga a aquella persona que se considera muy buena, altruista y espiritual; ya sea en vida o después de fallecida. Si analizamos la palabra etimológicamente nos encontramos con los siguientes significados según la RAE:
  • Perfecto y libre de toda culpa.
  • En el mundo cristiano, se dice de la persona a quien la Iglesia declara tal, y manda que se le dé culto universalmente.
  • adj. Dicho de una cosa: Que está especialmente dedicada o consagrada a Dios o que es venerable por algún motivo de religión.
  • Santidad: Cualidad de santo.

Existe una evidente incongruencia entre el primer concepto “Perfecto y libre de toda culpa” y el segundo que es aquella persona que la iglesia declara como tal, pues incluiría a cualquier pecador. Hasta donde tengo entendido los únicos “santos” vivos son los Papas en ejercicio. De allí que se les diga “Su Santidad” o “Santo Padre” a modo honorífico como la máxima reverencia del mundo católico. En este punto cabe la siguiente pregunta: ¿tiene la mayor figura eclesiástica la condición de ser perfecto y libre de toda culpa? Claro está, la palabra “culpa” (un término altamente alienante creado en el contexto religioso) puede ser utilizada a conveniencia por los representantes de la iglesia. En lo particular, nunca hallé nada de santo en Su Ex Santidad Benedicto XVI; ni siquiera en el venerado Juan Pablo II, que poco después de muerto fue elevado a estatus de beato y próximamente canonizado, aunque ya era considerado así por muchos creyentes. En realidad, ningún Papa está libre de culpa, o de pecado (usando sus mismas expresiones). Entonces, por simple deducción, ningún individuo sería digno de ser llamado santo o santa.

Otra manera de conseguir que un mortal común califique para convertirse en beato es que se le imputen dones curativos después de muerto. En fin, la lista de santos es larga y va desde doctores, reyes, reinas, monjas, sacerdotes y hasta palomas (pero sólo la del espíritu santo, cualquier otra paloma sería impura) con poderes sobrenaturales de curación y salvación desde el templo celestial. Inclusive algunos políticos son catalogados por la misma gente con ese adjetivo, tal es el caso de “Santa Evita” o al más reciente Hugo Chávez, que no tardará en conseguir un sitial de honor al lado de la madre Teresa de Calcula. Es bueno recordar que la gente propone y la iglesia dispone. Si se llegaran a demostrar milagros atribuibles al líder de la revolución “bonita”, ténganlo por seguro que la petición para beatificarlo se haría más temprano que tarde. Fanáticos hay en todas partes, independientemente de sus tendencias políticas o nivel de ignorancia. En todo caso, queda a potestad de la Iglesia declarar santo a un político. Antes de tomar una decisión como esa analizarían muy bien los beneficios que obtendrían, ya que la iglesia también es una institución política con intereses propios.

El calificativo de santo no es de uso exclusivo para personas, también es aplicado a cosas tan ordinarias como: la santa biblia, santo grial, santa sede, semana santa, ciudad santa del vaticano; y pare de contar. Todo ello con el fin único de envolverlo en una aurora sagrada de bondad y divinidad absoluta. Mención aparte está la santería, que lleva implícito el nombre de los entes que son venerados en esa pseudo religión, o más bien secta.

El término en cuestión ha sido instaurado hábilmente en la psiquis de las personas. Es clara la influencia del catolicismo en la promoción de dicha palabra. La santidad pareciera ser un manojo de infinitas virtudes en alguien o en algo supuestamente tocado por dios. La iglesia católica se lo auto-adjudica para hacerse ver misericordiosa, asociando el significado positivo del adjetivo con religiosidad. Y no le quito razón, pues tienen que buscar formas de no perder adeptos, aunque lleven siglos intentando deslastrarse de todos los males que han causado a la humanidad.


Estoy seguro de que a Nico no le hubiese importado que le llamaran santo, creo que hasta se hubiese reído de ello. A él no le importaban tanto esas cosas como a mí, siempre buscándole las cinco patas al gato. Obviamente, preferiría ser recordado por mis buenas acciones, más que por las malas que haya hecho en vida. Ninguno está exento de maldad. Todos la tenemos en mayor o en menor grado. No califico para santo, no estoy ni cerca de serlo. Además, no comulgo con la hipocresía de quienes sí se lo creen. Es más sano aprender a convivir con nuestras virtudes y miserias y no pretender ser algo que no está en nuestra condición humana.

Escrito por: Rafael Baralt

sábado, 12 de enero de 2013

Prostitución legal, ¿doblemente inmoral?

“Como todo niño latinoamericano, donde el machismo es visto como una virtud, fui convidado por mis amigos a ir a un burdel para ‘estrenar’ mi hombría con una mujer de la ‘mala vida’. Tan sólo tenía quince años, fue una noche saliendo de una fiesta. Estábamos algo embriagados, y yo muy emocionado. Entramos al lugar con identificaciones falsas (todos menores de edad), nos sentamos en la barra, se nos acercaron unas chicas bien exuberantes (una para cada uno), fijamos la tarifa y …

Esta historia (mi historia) es la de muchos otros hombres que pasaron por esa experiencia que bien podría catalogarse como “normal”. Recuerdo además que mis mayores me aconsejaban que era mejor hacerlo con una puta la primera vez. La verdad no sé si fue lo mejor, pero tampoco fue la última vez. Lo tengo en mi memoria como algo vago y nada trascendente, pero aún no logro borrar la cara de aquella mujer, la que me inició. Era bonita, delicada y olía a lavanda frutal. No me pasaba por la mente que había estado con miles de hombres antes que yo. Hoy en día la veo diferente, pero no a la experiencia, sino a ella: mi primera prostituta.

Es mucho lo que habría que decir sobre el oficio más antiguo del mundo. Algunos apoyan la prostitución, otros la encuentran repugnante. Pero lo que me motiva a escribir este texto es cuestionar la legalidad de la misma, en otras palabras, ¿debería ser legal? Es importante mencionar que la prostitución no es exclusiva de las mujeres, muchos hombres se han sumado al lucrativo ejercicio. Hoy en día es usual ver anuncios de estos profesionales en la sección de clasificados ofreciendo sus servicios de “masajistas” tanto a mujeres solas, hombres o parejas.

Haciendo un poco de historia, quizá la prostituta más conocida de que se tenga referencia –aunque no se tenga evidencia de ello- fue la pobre María Magdalena (para algunos una santa, para otros una gran pecadora). El hecho es que cualquier indicio de humanización de Jesús de Nazaret ha sido minimizado u opacado por la divinidad que sus apóstoles y seguidores le confieren, por lo que fue necesario condenar a esta mujer como la provocadora de los instintos carnales del “hijo de dios”. La verdad no pienso perder tiempo especulando sobre las intenciones que tuvo esta mujer, ni Jesús, ya con los evangelios tenemos suficientes contradicciones sobre el tema. Lo cierto es que gracias a ese mito se comenzó a ver la prostitución como algo pecaminoso, lascivo, demoníaco, etc.; estigmatizándola hasta la época actual en la gran mayoría de los países.

Si bien es cierto que muchas mujeres comenzaron a prostituirse por necesidad económica, también lo es que podrían dejar de hacerlo cuando esta situación mejore, consigan otro tipo de ingreso o simplemente lo deseen. Algún idealista o religioso diría que ”podrían conseguir un trabajo más digno”; en ese caso comenzaría por preguntarles qué significa “digno” para ellos, pues muchas prostitutas son más dignas que cualquier político encorbatado o que un pastor de congregación religiosa. También hay quienes la ejercen por convicción y les gusta lo que hacen. Sin embargo, en todos los casos el acto se realiza por consentimiento mutuo, previa fijación de una tarifa, y para beneficio de ambas partes.

Entonces, si nos quitamos el manto de “moralistas de iglesia”, entendiéndolo como nuestra capacidad para juzgar según nuestras creencias sobre “el bien y el mal” dogmático, podríamos esgrimir sobre las posiciones y/o razones que algunos sostienen para la no legalización de la prostitución:

1. La legalización / despenalización de la prostitución es un regalo para los proxenetas, los traficantes y la industria del sexo.
¿Un regalo?, precisamente los proxenetas y traficantes existen por la falta de protección legal que tienen las prostitutas, pues muchas tienen que acudir a ellos para ampararse del maltrato a que podrían ser expuestas en las calles. El problema se presenta cuando éstas se hacen víctimas de estos inescrupulosos que se lucran de ello. En todo caso, la ley tampoco los ampara, ni ahora ni con la legalización. Por otra parte, acerca que es un “regalo” para la industria del sexo, ¿algún problema con eso?

2. La legalización / despenalización de la prostitución y de la industria del sexo promueve el tráfico sexual.
Esto sólo pone de manifiesto la incapacidad de algunos países e instituciones para impedir y combatir la trata de personas. La legalización de la prostitución no puede ser una excusa para hacer cumplir la ley contra el tráfico humano. La proliferación de mujeres de países del tercer mundo en países desarrollados es sólo el reflejo de la falta de controles de tráfico de personas, y ello seguiría sucediendo con o sin la despenalización de la prostitución.

3. La legalización / despenalización de la prostitución no supone un control de la industria del sexo. La expande.
Eso depende, ¿es que acaso no se puede legalizar la prostitución a la par de controlar su industria? Además, este argumento tiene un trasfondo moralista que trata de hacer ver la prostitución como algo malo, pecaminoso y execrable. Ahora bien, referente a la palabra “industria”, es obvio que los seres humanos buscamos el lucro a costa de casi cualquier cosa. Los conservadores sostienen que con la legalización serían más rentables “otras formas de explotación sexual”, tales como: el strip-tease, los centros de esclavitud y disciplina, los sex shops, los juguetes eróticos y la pornografía. En este sentido, pienso que cualquier industria se mantiene y justifica porque existe un mercado; siempre habrá quienes consuman estos productos y/o servicios y es el mismo cliente quien elige usarlos o comprarlos; nadie los obliga.

4. La legalización / despenalización de la prostitución aumenta la prostitución clandestina, ilegal y la prostitución de la calle.
Este argumento se cae por sí solo: Si se legaliza dejaría de ser “clandestina” o “ilegal”. Sobre la prostitución en la calle, pues allí entrarían las leyes que regulen cómo y dónde pueden practicarlo, pero legalmente.


5. La legalización de la prostitución y la despenalización de la industria del sexo promueve la prostitución infantil.
Aquí se aplica lo mismo que planteé en el punto dos. Adicionalmente, la legalización de la prostitución debe contemplar regulaciones elementales de: edad mínima, condición de salud, nacionalidad, etc. Eso es más que lógico.

6. La legalización / despenalización de la prostitución no protege a las mujeres que están en la prostitución.
Otro argumento bastante insubstancial y absurdo, se supone que la legalización debería protegerlas, así como también contar con el amparo de las organizaciones de DDHH en todo el mundo (si es que sirven para algo).

7. La legalización / despenalización de la prostitución aumenta la demanda de la prostitución. Incentiva a los hombres a comprar a las mujeres por sexo en un entorno social más permisible y de mayor aceptabilidad.
Esto parece redactado por un cura bastante mojigato. ¿Y es que acaso el hombre ha dejado de sentir impulsos sexuales dentro de entornos pocos permisibles y de menor aceptabilidad? Además, el hombre no “compra a las mujeres”, paga por un servicio en común acuerdo con ésta.

8. La legalización / despenalización de la prostitución no promueve una mejora de la salud de las mujeres.
El dicho popular dice “todo en exceso es malo”, yo agregaría: hasta el sexo. Pero, ¿quién obliga a quién a hacerlo y con qué frecuencia? Decir que “no mejora” la salud de las mujeres afirma que éstas ya son insanas. Conozco prostitutas mucho más sanas que cualquier mujer con poca actividad sexual. Creo que más deterioro produce el celibato, inclusive daño mental. Ahora bien, si se tratara con dignidad a las prostitutas existieran organismos que fomenten la prevención de enfermedades, pero la despenalización por sí sola no implica “promover” condiciones de salud.

9. La legalización / despenalización de la prostitución no aumenta las posibilidades de elección de las mujeres.
Al contrario, las aumenta. Al tener más posibilidades de ejercer podrían exigir, y por ende escoger a quien ofrecer sus servicios. Precisamente la no legalización induce a que tengan que conformarse con los clientes que cometen la “ilegalidad” junto con ellas.

10. Las mujeres que están dentro de la prostitución no quieren que se legalice o despenalice la industria del sexo.
Esta es la perla final, quisiera conocer alguna prostituta que no desee trabajar legalmente dentro del país donde se encuentre. Pregúntenle a un inmigrante ilegal si no desearía vivir con tranquilidad jurídica y poder trabajar en el país donde decidió vivir. Por la única razón que veo que alguna prostituta no esté de acuerdo sería porque tendría más competencia.

Considero que la idea no es realzar la condición de prostituta/o, sino dignificar a la mujer o al hombre que lo es. Se trata de un trabajo que debería respetarse como cualquier otro, siempre y cuando no dañe o perjudique a otras personas. ¿Hasta qué punto estamos cubiertos por el velo de moralidad que nos han impuesto? Por otra parte, las parejas no deberían sentirse amenazadas por la existencia de quienes mercadean con su cuerpo. Si su relación es satisfactoria y lo suficientemente placentera no debería haber riesgo de una “infidelidad” sexual; pero si sucediera, habría que revisar las causas que lo originaron y no achacárselas a quien prestó el servicio sexual.

La verdad dudo que la prostitución deje de practicarse con o sin la legalización de la misma, por lo que no encuentro razones realmente importantes para que no se deba legalizar. Pienso que es hora de ver las cosas distinto, actuar diferente y darle un tinte más humano al dejar de estigmatizar. Tan sencillo como “vivir y dejar vivir”.

Por cierto, nunca más estuve con una prostituta, aquello sólo formó parte de mis experiencias de adolescente. Mis gustos han cambiado y no necesito de servicios de ese tipo para satisfacer mis necesidades sexuales. Pero considero a quienes sí lo desean y necesitan (sea cual sea la razón), sobre todo respeto a las prostitutas y prostitutos, que por simple convicción ejercen algo más que una labor social para una buena parte de la población mundial.

Escrito por: Rafael Baralt

viernes, 23 de noviembre de 2012

El absurdo pecado de la desnudez


Hay algo innegable, y es que todos nacimos descaradamente desnudos. ¿En qué momento nuestro cuerpo dejó de inspirar ternura para convertirse en un instrumento «vergonzoso» que deba ocultarse? La explicación puede ser tan amplia y antigua como la historia misma de la humanidad. Básicamente se debe a una necesidad de preservación y abrigo. En las épocas prehistóricas el clima era verdaderamente inhóspito y los primeros hombres comenzaron a protegerse de los elementos cubriéndose con pieles de animales. La indumentaria fue evolucionando a lo largo de los siglos y de las culturas, incluso ha llegado a convertirse en un símbolo de poder para distinguirse entre los distintos grupos sociales. Es perfectamente entendible que como parte de la evolución se haya sofisticado el uso del vestido utilizando telas que se adapten mejor al tipo de clima, piel y de actividad. Pero hay quienes lo usan para crear una imagen de superioridad: reyes, monarcas, jueces, ministros de iglesias, etc. Por cierto, ¿alguien se imagina al Papa actual vistiendo de jeans, zapatos de goma y manga corta?, no lo creo, eso sería rebajarse al común de los humanos.

Ahora bien, es indudable el valor de las prendas de vestir, ya que entre otras cosas ayuda a mantener la higiene personal. No me veo sentándome en el sucio asiento del vagón del metro haciendo contacto directo con las nalgas (más aún sabiendo que ya otros han hecho lo mismo), pero sí cuestiono que sea un delito hacerlo. Nunca olvidaré que hace unos cuantos años, a una amiga europea se le ocurrió hacer topless en una playa de mi país (Venezuela); a los pocos minutos llegó un policía que quería meterla presa por “actos públicos inmorales”. Mi amiga obviamente no entendía nada de lo que estaba pasando, y me costó explicarle sobre la obtusa mentalidad de acá.

Como condicionamiento social, me parece totalmente ridículo que tengamos que usar chaqueta y corbata para trabajar en zonas tropicales con altas temperaturas -independientemente a que las oficinas tengan aire acondicionado-. Es increíble que tengamos que acatar estos códigos sociales en detrimento de nuestra comodidad. Todos sabemos lo incómodo que es pasar un día completo con un pedazo de tela amarrado al cuello. Más allá de la elegancia, en el fondo estás deseando que termine rápido la jornada para quitarte ese disfraz que en mala hora adoptamos de países fríos.

Pero obviamente no podemos olvidar la etiqueta: «vergonzoso», ¿de donde creen que se originó esta connotación?, pues claro: de las religiones. ¿Qué más representativo que el dogmatismo religioso para condenar, criminalizar, estigmatizar, señalar, etc.? No olvidemos que desde los orígenes del cristianismo se ha considerado el cuerpo humano como pagano y pecaminoso, y nuestros órganos sexuales como partes impuras. En este sentido, ¿cómo puede ser pecado algo que es imagen y semejanza de dios? Esta es una de las infinitas contradicciones religiosas. Pero lo más insólito es que esta creencia ha trascendido de forma tal que hemos llegado a criminalizar el desnudo por considerarlo inmoral y fuera de las buenas costumbres, ¿cómo demonios puede ser inmoral mostrar nuestra intimidad por completo? Quizá para muchos conservadores esto sería impensable: el poder salir un día de casa a comprar el periódico dejando que las pelotas se balanceen libremente (ellas también tienen derecho a sentir la frescura de la mañana), o que las mujeres puedan pasear sus mascotas por el parque con su hermoso pecho al descubierto y en completa armonía con la naturaleza.

Ni hablar de Adam y Eva, que cuando son representados en obras pictóricas aparecen con hojas de árbol cubriendo sus partes íntimas -la verdad es que la imaginación humana a veces puede ser muy pacata-. ¿Sería blasfemo dibujar a la Virgen María con su niño en brazos sin nada de trapos encima y mostrando sus senos?, seguro que sí, ¿cierto? ¿Podríamos imaginarnos a Jesucristo en la cruz sin su taparrabo de tela? (eso sería lo más seguro, ya que luego de ser víctima de las vejaciones y de arrastrar la cruz seguramente habría quedado totalmente desnudo), ¿hay algo de malo o indecoroso en ello? Sé que muchos al leer esto se les puede estar revolviendo la bilis y es entendible. Estos símbolos son “impolutos” y el sólo hecho de imaginarlos desnudos sería un acto irreverente. Pero ese sentimiento es la mejor demostración del condicionamiento dogmático que nos han inculcado. Esta visión religiosa ha sido tan fuerte y arraigada en la sociedad occidental que hemos desarrollado el pudor, lo cual no sucede en tribus del África donde es usual mostrarse al natural. Aquí es al contrario, si una mujer usa un escote prominente inmediatamente es catalogada de puta, y si a un hombre se le marca el pene a través del pantalón es un depravado (ambos casos pecadores insignes). A propósito del pudor, recuerdo haberlo sentido intensamente la primera vez que fui a una playa nudista. Eso fue hace unos 10 años en Orient Beach en la isla de Saint Marteen, me costó mucho deshacerme de mi traje de baño, pero una vez vencido el miedo fue una de las experiencias más liberadoras que recuerde haber vivido (si no lo han hecho se los recomiendo). Pero es precisamente el origen de ese miedo lo que me interesa resaltar, y fue debido a mis creencias impuestas desde niño sobre la desnudez, ¿les suena familiar?.


Pienso que el mayor de los daños que ha hecho la religión sobre el desnudo humano es señalar nuestro cuerpo como algo prohibido, y ya sabemos perfectamente como reaccionamos ante lo no permitido. Puesto que las partes púdicas son “pecaminosas” y deben taparse, no le queda más remedio al hombre y a la mujer que desarrollar la curiosidad de lo que hay ahí, de cómo “lo” o “la” tendrá. No en vano la pornografía es el comercio más fructífero en el mundo. En los casos más graves, esta estigmatización al desnudo puede ocasionar muchas perversiones producto de la misma represión. Todo es una cadena de eventos, ¿se imaginan un mundo donde sea permitido andar por la calle sin ropa alguna  sin temor a ser señalado o arrestado? Tendría que pasar mucho tiempo para adaptarnos a esa costumbre y se vea como “normal” lo que hoy es considerado como anormal.

Afortunadamente hay gente en el mundo que se encarga de enaltecer la desnudez. Spencer Tunick considera que el desnudo es un arte del cual no debemos avergonzarnos. Ya se ha hecho famoso retratando numerosos grupos de personas en entornos urbanos, inclusive estuvo en Venezuela donde logró una convocatoria bastante escasa, lo cual refleja nuestra mentalidad tan cerrada (yo no participé en ese evento porque no tuvo mucha publicidad, pero no pienso perderme esa experiencia la próxima vez). También es importante mencionar que existen grupos de personas en algunos países hispanos como: España, Chile y Argentina que practican el nudismo como un acto natural que forma parte de sus tradiciones. Acostumbran bañarse juntos, comer y realizar actividades al aire libre sin indumentarias molestosas, pero obviamente deben hacerlo en privado.


Mientras escribo este artículo estoy como vine al mundo, decidí hacerlo para conectarme con el tema, pero me estoy dando cuenta de que puede ser incómodo. El contacto directo de mi piel con la silla de cuero hace que sude mucho y literalmente “las tengo sancochadas”. De verdad reconozco la utilidad de unos buenos calzoncillos, pero esta sociedad no permite que ni siquiera pueda salir a botar la basura a la calle exhibiéndolos –me quedaré con las ganas de mostrar en público mis Dolce & Gabbana-.

En conclusión, como ser civilizado que soy me he acostumbrado a usar ropa, me gusta exhibirla en fiestas y reuniones, y algunas veces me hace sentir importante; pero no olvido que es mi cuerpo el que oculto tras esa vestimenta y no siento vergüenza de él. Comparto los códigos de comportamiento en sociedad, si no todo sería un caos, pero no comparto la creencia de que mis partes íntimas sean un pecado. Mucho menos considero indecente el nudismo, ya que la verdadera libertad no lleva velos impuestos y la intimidad comienza por descubrirnos nosotros mismos.

Escrito por: Rafael Baralt

viernes, 5 de octubre de 2012

De dioses y otros seres alienígenas


¿Estamos solos en el universo? Ésta es la pregunta que muchos de nosotros nos hemos hecho alguna vez. En nuestro interior se siente una extraña sensación de miedo, disfrazada de morbosa fascinación, al imaginar que pueda existir vida inteligente fuera de nuestra esfera terrestre. ¿Cómo serían esos seres?, ¿qué aspecto tendrían?; y sobre todo, ¿cómo sería su reacción al descubrirnos a nosotros? Ante estas interrogantes se abre una gama de posibilidades donde la ciencia y la religión han fijado posición, mientras que los puntos discordantes de estos extremos caen frecuentemente en el campo de la superstición. ¿Qué pasaría con la figura de dios si se descubre vida inteligente en otros planetas?, ¿sería “nuestro” dios el mismo creador de esas criaturas interestelares? En todo caso, vale la pena repasar brevemente lo que mantienen ambas posiciones sobre este tema tantas veces debatido por filósofos, teístas y no creyentes.
 
La comunidad científica mantiene una postura reservada sobre el tema, ya que aún no se cuenta con evidencia conclusiva sobre vida en otros planetas. Hasta ahora lo único que se tiene es una pequeña muestra de la superficie de Marte con lo que parecen ser microorganismos fosilizados. Algunos astrónomos e investigadores sostienen que la vida extraterrestre es factible debido a que nuestra galaxia es apenas una entre billones en el universo; y si todo proviene de un mismo evento (el Big Bang), entonces existe la probabilidad de que otras formas de vida a años luz de la nuestra se hayan podido desarrollar bajo distintas condiciones cósmicas. El proyecto SETI (Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre), que en un inicio fue patrocinado por la NASA, tiene como misión el rastreo de los cielos con el fin de encontrar vida extraterrestre inteligente; hasta ahora sin resultados positivos. 
 
Por otra parte, las religiones más importantes muestran serias contradicciones respecto al tema. Por ejemplo, la musulmana contempla en uno de los pasajes del Corán: “Y entre sus señales está la creación de los cielos y la Tierra y las criaturas vivas que Él ha esparcido a través de ellos”; con esto se “defiende” ante una eventual aparición de vida inteligente extraterrestre, pero no dice cómo deberían actuar sus seguidores si la Tierra fuese objeto de colonización o ataques por parte de esos entes creados por el mismo dios, ¿con qué intención Alá esparciría la vida en el cosmos para luego ver como se destruyen entre ellos? Igual pasaría con los judíos, ¿aceptarían a un mesías con una morfología de reptil aunque porte Kipá? Los hindúes y budistas parecieran tener una posición algo más flexible debido a sus particulares preceptos sobre dios y el cosmos; sin embargo, sería interesante conocer su nivel de apertura si recibiéramos la visita de un alien con aspecto similar al de una iguana caminando en dos patas, descendiendo de una nave interestelar y proclamando ser el representante de dios en el universo. Los cristianos la tienen algo difícil, ya que ellos sostienen que Jesús fue el único hijo de dios, hecho a su imagen y semejanza, lo cual le confiere a la humanidad una condición de predilección frente a cualquier otro ser viviente y con inteligencia en el universo; ante esa aseveración considero que el cristianismo quedaría muy mal parado si descubriéramos seres con inteligencia superior a la nuestra, ¿qué sentido tendría que dios escogiera a la raza humana como favorita desdeñando a otras más avanzadas en todos los sentidos? Por su parte, los católicos argumentan que en los documentos del Concilio Vaticano II (Lumen Gentium), la iglesia abrió una muy pequeña posibilidad: que cuando se habla de la salvación en Jesucristo, no se remite únicamente a la vida en la Tierra, sino a la posibilidad de vida en cualquier parte del universo, lo cual indica que la iglesia “nunca ha descartado que sea posible la vida (humanoide) en el resto del universo”; en otras palabras, según el catolicismo no existe contradicción puesto que dios creó el universo entero. Ésta es la posición oficial de la iglesia, pero obviamente también se cae por sí sola si aparecieran seres no humanoides con inteligencia superior (por cierto que aquí se aprecia una cierta arrogancia al intentar colocar al hombre como el centro del universo y hecho a semejanza de un único creador). Para los católicos también cabría el siguiente planteamiento: sabiendo que ese dios envió a su mesías hace 2000 años a la Tierra y suponiendo que existiese vida inteligente en algún lugar del espacio sideral, ¿habría hecho lo mismo en otros planetas?, es decir, ¿enviaría al mismo u otros mesías a esos recónditos lugares del universo?, ¿dónde quedaría nuestra exclusividad como raza humana privilegiada en la Tierra?, ¿quiere decir entonces que la figura de dios es necesariamente humanoide?
 
Más allá de estos hipotéticos escenarios sobre acontecimientos que quizá nunca sucedan se encuentran los eventos que ciertamente encajan dentro de la índole especulativa y supersticiosa. Así pues, están los cientos de avistamientos de objetos voladores no identificados surcando los cielos terrestres; inclusive se especula que ya hemos sido visitados por criaturas con tecnología de avanzada para la época capaz de mover grandes rocas por el desierto egipcio para construir las pirámides; o pinturas rupestres con lo que parecen ser extrañas naves sobre el cielo paleolítico; o las famosas líneas de Nazca en Perú que sólo pueden ser apreciadas desde el aire como si con ellas se quisiera transmitir algún tipo de mensaje a visitantes de otros mundos; el sonado caso Roswell que se presume cuenta con evidencias de restos de un OVNI con todo y tripulantes. Algunos hasta aseguran haber sido víctimas de abducciones a naves espaciales donde se les han realizado experimentos e implantado chips; imposible dejar de nombrar a los reptilianos (reptiles humanoides) que supuestamente se originaron como la evolución de una raza inteligente en nuestro planeta simultáneamente con la humanidad pero de origen extraterrestre y que actualmente conviven con nosotros. Obviamente, ninguna de estas especulaciones ha podido ser demostrada científicamente, por lo que no constituyen evidencias probatorias de vida extraterrestre.
 
Lo que sí se puede concluir es que la posible aparición de seres inteligentes no humanos provenientes del inmenso espectro astral sería algo realmente aniquilador para las religiones. Absolutamente todas tendrían que reacomodar, como lo han hecho en el pasado, sus pasajes bíblicos forzando los mismos para darles nuevas interpretaciones que contemplen tales eventos: “en verdad dios quiso decir que (…)”. Una vez más la Biblia y demás libros sagrados quedarían relegados al lugar que les corresponde dentro del mundo de la fantasía creada por el hombre de la antigüedad. Pero imaginemos por un momento que realmente existe un único creador del universo, un dios superpoderoso que esparció la semilla de la vida en varios planetas; supongamos además que al igual que lo hizo en la Tierra transmitió su “palabra” a esos seres extraterrestres de la misma manera. A su vez, conociendo que la evolución de las especies depende de las condiciones del medio ambiente, entonces en algún planeta del vasto universo, quizá a millones de años luz, se repetiría la historia de un tal ‘Adán’ alienígena de piel escamosa color verde brillante, con tres grandes ojos y largos tentáculos como brazos; en un ‘Edén’ con dos imponentes lunas y lagos de mercurio líquido que proyectan su reflejo en frondosos árboles con hojas semejantes a paneles solares; donde habita una ‘serpiente’ con seis patas ponzoñosas que habla un extraño dialecto extraterrestre y tienta con una resplandeciente ‘manzana’ que como kriptonita seduce a una tal ‘Eva’ alienígena -quien salió de la costilla del verde Adán- que luce una larga cabellera de gruesas hebras metalizadas y sensuales pestañas en su tercer ojo del mismo material ferroso; ésta sucumbe ante la tentación de la fruta fosforescente propinando un placentero mordisco con sus filosos colmillos de plutonio esparciendo con su atrevimiento el ‘pecado original’ en todo aquel entorno cósmico.
 
Finalmente, si para el catolicismo somos “imagen y semejanza de dios”, lo cual le concede un aspecto humanoide a ese creador, ¿será entonces que existen muchos dioses con distintos aspectos comandando los destinos en otras galaxias?, ¿será que sólo hay un dios pero muy distinto al que nos han pintado las religiones?, ¿será que no existe ningún dios y que toda forma de vida en el universo es producto de un azaroso accidente químico-cósmico? Al fin y al cabo tanto dios como alienígenas inteligentes seguirán siendo un gran misterio hasta que existan pruebas contundentes de su existencia, y esa incuestionable verdad sólo aumenta mi evidente agnosticismo.
 
Escrito por: Rafael Baralt

lunes, 23 de julio de 2012

Astrología: Pseudociencia al alcance de Incautos

“Conseguirás el empleo por el que has estado esperando. Prepárate para hacer un viaje lejano a tierras míticas. Te reencontrarás con un viejo amor que reavivará la llama que una vez estuvo encendida. Haz terapia para que sanes heridas del pasado. Ten cuidado al caminar, evita esguinces y fracturas. Activa tu riqueza, báñate con esencias de mandarina y miel.”

¿Quienes no han leído alguna vez, así sea por curiosidad, lo que dice el horóscopo de la semana? Confieso que a veces lo hago, sobre todo el de la semana anterior para reírme un poco de las ocurrencias de algunos astrólogos. El texto inicial fue extraído de una conocida revista dominical en la sección de horóscopo respecto a mi signo ¿y saben que?, absolutamente nada se dio, como era de suponerse. Lo que me cuesta entender es que haya gente, en realidad miles en el mundo, que se dejan seducir por estas predicciones y planifican su vida en base a ello.

Pero, ¿cómo comenzó esta euforia colectiva que ha hecho de la astrología un gran negocio en la actualidad? Todo se remonta a Babilonia, hace unos 4000 años, cuando el hombre estudiaba a través de la observación la evolución de los astros en el tiempo, a la vez que identificaba la concurrencia de ciertos eventos en la tierra. Así fue como nació la astrología que se define como: “Estudio de la posición y del movimiento de los astros, a través de cuya interpretación y observación se pretende conocer y predecir el destino de los hombres y pronosticar los sucesos terrestres”, según la RAE. Estos antiguos observadores del universo dividieron en doce partes iguales la banda celeste formada por las trayectorias del Sol, la Luna, y los planetas; y que avanza un sector por cada mes del año. A cada una de estas divisiones, mejor conocidas como constelaciones, le dieron un nombre formando así el zodíaco con los signos que conocemos hoy en día. Por cierto que los nombres que le dieron a esos signos, en su mayoría de animales, tenían relación con la forma que resultaba de la trayectoria de esos astros vistos desde la tierra. Me pregunto si hoy en día, sabiendo que no sólo existen doce constelaciones y que las posiciones que adoptaron esos astros hace miles de años son diferentes, aunado a que se han descubierto nuevos planetas; podríamos entonces ver formas más actuales en la trayectoria planetaria y modernizar los signos para que tengan símbolos más interesantes como de: Pokemon, Fuwa (mascota de los Juegos Olímpicos 2008), oveja Dolly, Nemo, tortuga ninja o inclusive de perro salchicha. En fin, hasta ese momento no pasaba de ser un hecho interesante las formaciones que se producían, lo cual dio pie a que avanzara la astronomía como la ciencia que es hoy en día. La problemática surgió cuando el hombre encontró supuestas relaciones entre esas posiciones astrales, el momento del nacimiento de las personas, y su personalidad; dando origen al bien conocido horóscopo, ya sea el chino, occidental o cualquier otro. Éste pretende predecir el futuro basándose en la posición relativa de los astros y de los signos del zodiaco en un momento dado. Este giro especulativo hizo que la astronomía se desligara de la astrología considerando a la segunda una pseudociencia por no cumplir con los pasos del método científico.

Ahora bien, ¿Cómo puede uno o varios astros situados a miles de años luz afectar o influenciar en la personalidad o carácter de una persona al momento de su nacimiento? Más allá de las mareas y los cambios climáticos a consecuencia del sol y la luna en el planeta tierra, ¿qué tiene ello que ver con el momento del parto y el futuro del bebé? En todo caso, la energía en forma de ondas que ejercen los planetas como Urano o Júpiter son despreciables comparados con las ondas electromagnéticas producidas por los equipos celulares en una sala de parto. Más ilógico aún es pretender que de esa alineación de los planetas al momento del alumbramiento se tiene ya un destino trazado en este plano terrenal, es decir, los astros indican como será el futuro de cualquier persona. En mi horóscopo moderno, ¿cómo sería mi personalidad, y que me depararía el futuro si mi signo fuera ‘perro salchicha’ con ascendente ‘oveja Dolly’? Quizá esa carta astral mostraría que mi vida será larga (como el perro) y que seré famoso (así como Dolly). Este tipo de asociaciones son iguales en el horóscopo actual: “Si eres Leo seguro serás un gran líder”.

A ver, supongamos que se encuentre una forma de medir el grado de energía o la fuerza que incide en el planeta tierra proveniente de otros planetas alineados, aún así, ¿cómo se explica entonces que existan gemelos idénticos nacidos en el mismo momento y criados de la misma forma pero que llevan una vida y personalidad muy distinta el uno del otro? Si este hecho irrefutable lo extrapolamos a la población mundial ¿cómo es que personas nacidas a la misma hora, día y lugar no tengan la misma personalidad o un futuro similar? De ser así, todas las personas que nacieron en EEUU el mismo día y hora que Madonna o Bill Gates deberían ser igual de exitosos y afortunados que ellos (por poner un ejemplo). Otro aspecto absurdo que sostienen los astrólogos es que esa influencia astral actúa sólo en el momento del parto pero, ¿que del momento en que fue concebido el ser? Le encuentro más sentido a que una tarde calurosa en la playa, influenciada por el sol radiante y unos tragos, haya motivado una relación sexual intensa, allí sí le concedo al astro rey todo su poder; o la luna que con su encanto ayude en la tarea de seducir al amante deviniendo en una fogosa noche de placer. Sin embargo, esa influencia, que es más psicológica que física, queda descartada de plano por los defensores de la astrología.

Obviamente no podía faltar la posición condenatoria de la iglesia católica ante la astrología y sus derivados. De hecho, el Vaticano se pronunció a través de su magisterio indicando: “Todas las formas de adivinación deben rechazarse: (…) la consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios (…), están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios”. Dicho en otras palabras, si eres católico y practicas la astrología, es decir, actúas según los designios del horóscopo de acuerdo a tu signo o carta astral estarías cometiendo un grave “pecado”, el peor de todos, que es la traición a dios (nada más y nada menos). Quisiera saber cuantos católicos saben esto y se jactan de decir: “soy católico, apostólico y romano” y además “soy signo Géminis”. He aquí otra demostración de la hipocresía de algunos creyentes, quienes creen escudarse con aquello de que “soy católico no practicante”. Por favor, o son católicos con todos sus preceptos dogmáticos incluidos o no lo son, les guste o no. Aquí es blanco o negro, aunque recurran a los grises para defenderse.



Desde tiempos inmemoriales el hombre ha sido supersticioso, y junto a su deseo de conocer su destino y porvenir (supuestamente fijado por los astros al nacer) se ha creado una fórmula infalible para que la mayoría de los astrólogos, horoscoperos y hasta licenciados en ciencias ocultas hagan el negocio del siglo. Hay que reconocer que estos individuos han logrado calar muy hábilmente en una población ávida de oír que recibirá un premio, que conocerá al amor de su vida o que su fortuna está por llegar. Hoy en día se les ve por televisión, tienen programas de radio o escriben en revistas y diarios. Pero si la consulta es personalizada pueden llegar a cobrar altas sumas de dinero para emitir una carta astral (hecha por una computadora) donde se muestra el futuro “con pelos y señales”. Pero lo más absurdo de toda esta situación es que, aunque existen infinidad de pruebas que dejan a estos adivinadores muy mal parados (por cierto, ¿que será de la vida del famoso astrólogo que vaticinó la muerte de Hugo Chávez en el 2011?), aún son miles los seguidores del horóscopo. La estupidez humana puede llegar a extremos de dejar de tratar a otras personas o escoger pareja según su signo, que si no son compatibles, o que si los astros no estaban bien aspectados al momento de conocer a alguien. Quien sabe cuantas buenas relaciones humanas no se habrán concretado, y cuantos amores se habrán visto interrumpidos o frustrados por semejante ridiculez.

Finalmente, si eres de los que leen el horóscopo sólo por diversión pues que viva el humor, eso no le hace daño a nadie; pero si eres de los que planifican su vida en base a lo que dice el horóscopo del día, lo que dice el astrólogo por TV, la carta astral o que simplemente te sientes identificado con las características de tu signo particular; estarías formado parte del grupo de incautos que alimentan ese gran emporio mercantilista. Por cierto, aún nadie ha logrado ganar el premio del millón de dólares que ofrece James Randi a cualquiera que demuestre fehacientemente con evidencias cualquier poder o suceso paranormal, supernatural u oculto bajo ciertos criterios de observación, incluyendo el tipo de eventos como los que se ocupa la astrología. No obstante, muchos astrólogos han logrado amasar una buena fortuna aprovechándose de la credulidad de muchas personas que se dejan llevar por la superstición ¿Eres uno de ellos?.


Escrito por: Rafael Baralt

miércoles, 30 de mayo de 2012

La paradoja de la Clonación Humana

Hace poco leí en una revista que todos tenemos un clon en alguna parte del mundo. Obviamente ese “clon” no es tal, sino otra persona muy parecida físicamente a cada uno de nosotros, tanto así que parecemos dos gotas de agua. La razón es netamente probabilística dada la población mundial. Para quienes no tenemos hermanos gemelos idénticos eso sería una gran novedad, el que vayas caminando un día por la calle y de súbito te encuentres con alguien con características físicas sorprendentemente similares a las tuyas. A mí nunca me ha sucedido, y estoy seguro que a muchos de Uds. tampoco; por lo que pongo en el cesto de los mitos esa idea. Aún así, me he preguntado ¿cómo sería mi reacción si me lo encontrara repentinamente de frente? Hay una extraña fascinación en ello que algún día descubriré, aunque pienso que tiene mucho que ver con algo de vanidad.


Hablar de clonación abarca distintos ámbitos, pero antes es importante recordar su definición. “Clonación: hacer clones; Clon: conjunto de células u organismos genéticamente idénticos, originado por reproducción asexual a partir de una única célula u organismo o por división artificial de estados embrionarios iniciales” (RAE).  Es así como la clonación es aplicable a prácticamente todos los seres vivos o no, tanto del reino vegetal como animal. Dentro de este último se han realizado experimentos con cierto éxito al manipular genéticamente embriones para reproducir animales en peligro de extinción, lo mismo se piensa hacer con animales ya extintos. Algunos experimentos de clonación se han paseado por la replicación de tejidos humanos a partir de células madre, hasta finalmente llegar a la posibilidad de clonar a un ser humano completo. Y no se trata de ciencia ficción, ya se han realizado investigaciones al respecto, y aunque se ha avanzado mucho no se ha perfeccionado esta técnica aún, ni siquiera en animales. Pero es el mismo hombre, en nombre de la ética, quien ha decidido no seguir adelante con este desarrollo.

El detalle con la intervención de la ética y la moral en este asunto es que no siempre está libre de prejuicios dogmáticos, y como ya se sabe que la religión y la ciencia van por caminos opuestos es obvio que los líderes religiosos quieran meter sus narices en ello. Para algunos la clonación significa retar a la naturaleza, otros aseveran que el hombre estaría “jugando a ser dios”, por lo tanto se considera una aberración ponerse a nivel del “creador”, ya que sólo éste es capaz de dar y quitar vida. Pero, si dios concibió al ser humano con la inteligencia necesaria para generar vida y crear duplicados de él mismo ¿por qué habría de limitarle su capacidad creadora si esta forma parte de la creación de ese mismo dios?

Evidentemente, la argumentación anterior carece de toda base científica, inclusive ética, ya que es indudable que el hombre está dotado para crear vida por distintos medios, con o sin el consentimiento de dios. Pero no todos los argumentos en contra de la clonación humana se basan en esas irracionales posiciones, sino que tocan aspectos más filosóficos y realistas, tales como: ¿qué ganaría la humanidad creando clones de otros seres humanos?, ¿estaría en peligro la reproducción tradicional por el advenimiento de estas técnicas de perfeccionamiento humano?, y desde un punto de vista hedonista ¿qué tipo de necesidad personal satisfaría teniendo un clon de mí mismo? Supongamos que el hombre lograra desarrollar un clon humano, ¿qué pasaría con la sustancia espiritual e inmortal de ese clon?, ¿tendría alma y pensamientos propios? Particularmente pienso que un clon tendría vida propia y desarrollaría sus propias creencias, ya que tendría que convivir en el mundo desde su niñez, al menos que se le mantenga fuera del alcance de la sociedad y del contacto con otras personas. Por otra parte, dudo que la clonación humana conlleve a tener una mente única comandando dos cuerpos, eso sería realmente absurdo. Pero si se creara un cuerpo idénticamente a otro a través de la clonación éste también debería tener alma propia. La otra posibilidad es que no tenga alma alguna y se convierta en un ser totalmente inanimado pero con todas sus funciones corporales en perfecto estado. Esto último queda descartado, ya que la clonación en animales demostró que es posible generar vida animada ¿Es tan soberbio el ser humano al considerar que la existencia del alma le es exclusiva? Si el alma es la esencia que permite la vida, ¿por qué se le atribuye sólo a los seres vivos con inteligencia superior? La verdad me cuesta creer que mi adorada perrita no tenga alma.

El avance de la ciencia va de la mano con la evolución del hombre, si detuviéramos ese avance ¿estaríamos coartando nuestra misma evolución? Tampoco se puede obviar que ese desarrollo evolutivo puede devenir en la misma autodestrucción si no se canaliza correctamente, de ello hay infinidad de evidencias con que demostrarlo. Entonces, ¿será que la autodestrucción forma parte de la evolución humana? En la medida que evolucionamos vamos descubriendo nuestra infinita capacidad de creación, así como de destrucción. Imaginemos un mundo futuro donde a ciertos humanos al nacer se le creen clones “mejorados” de ellos mismos que crezcan a la par pero confinados a un laboratorio, y que estos sean los donantes en vida de los órganos que eventualmente necesitaran estos humanos. Suena atroz y retorcido ¿cierto?, pero creo que es posible llegar a tal demostración de perverso egocentrismo. Sin ir muy lejos, actualmente existen los bancos de células madre, las cuales son tomadas de la placenta de la mujer al momento de nacer un niño con el fin de que puedan ser utilizadas en caso de alguna enfermedad o mal formación ¿podrá ser este el comienzo de una casta de superhumanos? Y si estas técnicas de clonación humana cayeran en manos de neonazis ¿dudarían ellos en algún momento reproducir a su gran líder? Aquí quedaría la duda si ese ser clonado tendría el mismo índice de maldad. También habrán quienes vean con cierto atractivo y beneplácito poder generar un clon de Marilyn Monroe, María Callas, Albert Einstein, Juan Pablo II, Walt Disney, etc.… ¿Es reproducible el talento o la inteligencia con la clonación? O más cuestionable aún, los padres que hayan perdido a un hijo, de tener a disposición estas técnicas ¿la utilizarían para obtener una copia idéntica de su ser querido fallecido injustamente? Como dijo alguien en una oportunidad “nada de lo humano me es ajeno”, así que todas estas posibilidades son reales y sólo son concebibles dentro de la verdad de lo correcto y ético de cada quien.


Entonces, ¿dejamos que el hombre siga utilizando la ciencia para experimentar con su  capacidad creadora?, ¿quiénes somos para limitar nuestra propia capacidad de crear? De poner límites ¿quiénes se los pondrían?, ¿sacrificaríamos la posibilidad de encontrar la cura a tantas enfermedades por imponer esos límites “morales”?, ¿será el hombre capaz de comercializar su propio ADN para replicarse a sí mismo por simple vanidad?, ¿estaríamos fomentando la discriminación al desarrollar “copias” de seres humanos perfeccionados? ¿Y si en un futuro no muy lejano estos clones, dotados con inteligencia y funciones potenciadas, lograran sublevar al resto de los hombres poniendo en riesgo nuestra propia existencia?, ¿hasta donde llegará el ingenio humano?.

Pienso que pasará mucho tiempo hasta que lleguemos a un consenso sobre todos estos aspectos que hacen de la clonación humana un tema tan controversial. Pero mientras el hombre se debate entre esas interrogantes yo espero encontrarme algún día con mi clon natural y así satisfacer mi curiosidad, quizá mi doble esté en otro continente, hable otro idioma y no sea tan fácil que podamos entablar una conversación. Probablemente descubra en él similitudes más allá de las físicas, así como las puedo tener con personas con las que no tengo ningún parecido físico. También me da curiosidad conocer como hubiese reaccionado la oveja que dio origen a Dolly al encontrarse de frente con su clon, sabiendo que ésta era toda una celebridad,  ¿Le habría dicho “Hello, Dolly!” en su lenguaje ovino? Pero de algo estoy seguro, antes de morir dejaré instrucciones precisas para que no se permita una posible clonación de mí, ya bastante tengo con este cuerpo imperfecto en vida como para considerar replicarlo, así sea mejorado.


Escrito por: Rafael Baralt