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sábado, 12 de enero de 2013

Prostitución legal, ¿doblemente inmoral?

“Como todo niño latinoamericano, donde el machismo es visto como una virtud, fui convidado por mis amigos a ir a un burdel para ‘estrenar’ mi hombría con una mujer de la ‘mala vida’. Tan sólo tenía quince años, fue una noche saliendo de una fiesta. Estábamos algo embriagados, y yo muy emocionado. Entramos al lugar con identificaciones falsas (todos menores de edad), nos sentamos en la barra, se nos acercaron unas chicas bien exuberantes (una para cada uno), fijamos la tarifa y …

Esta historia (mi historia) es la de muchos otros hombres que pasaron por esa experiencia que bien podría catalogarse como “normal”. Recuerdo además que mis mayores me aconsejaban que era mejor hacerlo con una puta la primera vez. La verdad no sé si fue lo mejor, pero tampoco fue la última vez. Lo tengo en mi memoria como algo vago y nada trascendente, pero aún no logro borrar la cara de aquella mujer, la que me inició. Era bonita, delicada y olía a lavanda frutal. No me pasaba por la mente que había estado con miles de hombres antes que yo. Hoy en día la veo diferente, pero no a la experiencia, sino a ella: mi primera prostituta.

Es mucho lo que habría que decir sobre el oficio más antiguo del mundo. Algunos apoyan la prostitución, otros la encuentran repugnante. Pero lo que me motiva a escribir este texto es cuestionar la legalidad de la misma, en otras palabras, ¿debería ser legal? Es importante mencionar que la prostitución no es exclusiva de las mujeres, muchos hombres se han sumado al lucrativo ejercicio. Hoy en día es usual ver anuncios de estos profesionales en la sección de clasificados ofreciendo sus servicios de “masajistas” tanto a mujeres solas, hombres o parejas.

Haciendo un poco de historia, quizá la prostituta más conocida de que se tenga referencia –aunque no se tenga evidencia de ello- fue la pobre María Magdalena (para algunos una santa, para otros una gran pecadora). El hecho es que cualquier indicio de humanización de Jesús de Nazaret ha sido minimizado u opacado por la divinidad que sus apóstoles y seguidores le confieren, por lo que fue necesario condenar a esta mujer como la provocadora de los instintos carnales del “hijo de dios”. La verdad no pienso perder tiempo especulando sobre las intenciones que tuvo esta mujer, ni Jesús, ya con los evangelios tenemos suficientes contradicciones sobre el tema. Lo cierto es que gracias a ese mito se comenzó a ver la prostitución como algo pecaminoso, lascivo, demoníaco, etc.; estigmatizándola hasta la época actual en la gran mayoría de los países.

Si bien es cierto que muchas mujeres comenzaron a prostituirse por necesidad económica, también lo es que podrían dejar de hacerlo cuando esta situación mejore, consigan otro tipo de ingreso o simplemente lo deseen. Algún idealista o religioso diría que ”podrían conseguir un trabajo más digno”; en ese caso comenzaría por preguntarles qué significa “digno” para ellos, pues muchas prostitutas son más dignas que cualquier político encorbatado o que un pastor de congregación religiosa. También hay quienes la ejercen por convicción y les gusta lo que hacen. Sin embargo, en todos los casos el acto se realiza por consentimiento mutuo, previa fijación de una tarifa, y para beneficio de ambas partes.

Entonces, si nos quitamos el manto de “moralistas de iglesia”, entendiéndolo como nuestra capacidad para juzgar según nuestras creencias sobre “el bien y el mal” dogmático, podríamos esgrimir sobre las posiciones y/o razones que algunos sostienen para la no legalización de la prostitución:

1. La legalización / despenalización de la prostitución es un regalo para los proxenetas, los traficantes y la industria del sexo.
¿Un regalo?, precisamente los proxenetas y traficantes existen por la falta de protección legal que tienen las prostitutas, pues muchas tienen que acudir a ellos para ampararse del maltrato a que podrían ser expuestas en las calles. El problema se presenta cuando éstas se hacen víctimas de estos inescrupulosos que se lucran de ello. En todo caso, la ley tampoco los ampara, ni ahora ni con la legalización. Por otra parte, acerca que es un “regalo” para la industria del sexo, ¿algún problema con eso?

2. La legalización / despenalización de la prostitución y de la industria del sexo promueve el tráfico sexual.
Esto sólo pone de manifiesto la incapacidad de algunos países e instituciones para impedir y combatir la trata de personas. La legalización de la prostitución no puede ser una excusa para hacer cumplir la ley contra el tráfico humano. La proliferación de mujeres de países del tercer mundo en países desarrollados es sólo el reflejo de la falta de controles de tráfico de personas, y ello seguiría sucediendo con o sin la despenalización de la prostitución.

3. La legalización / despenalización de la prostitución no supone un control de la industria del sexo. La expande.
Eso depende, ¿es que acaso no se puede legalizar la prostitución a la par de controlar su industria? Además, este argumento tiene un trasfondo moralista que trata de hacer ver la prostitución como algo malo, pecaminoso y execrable. Ahora bien, referente a la palabra “industria”, es obvio que los seres humanos buscamos el lucro a costa de casi cualquier cosa. Los conservadores sostienen que con la legalización serían más rentables “otras formas de explotación sexual”, tales como: el strip-tease, los centros de esclavitud y disciplina, los sex shops, los juguetes eróticos y la pornografía. En este sentido, pienso que cualquier industria se mantiene y justifica porque existe un mercado; siempre habrá quienes consuman estos productos y/o servicios y es el mismo cliente quien elige usarlos o comprarlos; nadie los obliga.

4. La legalización / despenalización de la prostitución aumenta la prostitución clandestina, ilegal y la prostitución de la calle.
Este argumento se cae por sí solo: Si se legaliza dejaría de ser “clandestina” o “ilegal”. Sobre la prostitución en la calle, pues allí entrarían las leyes que regulen cómo y dónde pueden practicarlo, pero legalmente.


5. La legalización de la prostitución y la despenalización de la industria del sexo promueve la prostitución infantil.
Aquí se aplica lo mismo que planteé en el punto dos. Adicionalmente, la legalización de la prostitución debe contemplar regulaciones elementales de: edad mínima, condición de salud, nacionalidad, etc. Eso es más que lógico.

6. La legalización / despenalización de la prostitución no protege a las mujeres que están en la prostitución.
Otro argumento bastante insubstancial y absurdo, se supone que la legalización debería protegerlas, así como también contar con el amparo de las organizaciones de DDHH en todo el mundo (si es que sirven para algo).

7. La legalización / despenalización de la prostitución aumenta la demanda de la prostitución. Incentiva a los hombres a comprar a las mujeres por sexo en un entorno social más permisible y de mayor aceptabilidad.
Esto parece redactado por un cura bastante mojigato. ¿Y es que acaso el hombre ha dejado de sentir impulsos sexuales dentro de entornos pocos permisibles y de menor aceptabilidad? Además, el hombre no “compra a las mujeres”, paga por un servicio en común acuerdo con ésta.

8. La legalización / despenalización de la prostitución no promueve una mejora de la salud de las mujeres.
El dicho popular dice “todo en exceso es malo”, yo agregaría: hasta el sexo. Pero, ¿quién obliga a quién a hacerlo y con qué frecuencia? Decir que “no mejora” la salud de las mujeres afirma que éstas ya son insanas. Conozco prostitutas mucho más sanas que cualquier mujer con poca actividad sexual. Creo que más deterioro produce el celibato, inclusive daño mental. Ahora bien, si se tratara con dignidad a las prostitutas existieran organismos que fomenten la prevención de enfermedades, pero la despenalización por sí sola no implica “promover” condiciones de salud.

9. La legalización / despenalización de la prostitución no aumenta las posibilidades de elección de las mujeres.
Al contrario, las aumenta. Al tener más posibilidades de ejercer podrían exigir, y por ende escoger a quien ofrecer sus servicios. Precisamente la no legalización induce a que tengan que conformarse con los clientes que cometen la “ilegalidad” junto con ellas.

10. Las mujeres que están dentro de la prostitución no quieren que se legalice o despenalice la industria del sexo.
Esta es la perla final, quisiera conocer alguna prostituta que no desee trabajar legalmente dentro del país donde se encuentre. Pregúntenle a un inmigrante ilegal si no desearía vivir con tranquilidad jurídica y poder trabajar en el país donde decidió vivir. Por la única razón que veo que alguna prostituta no esté de acuerdo sería porque tendría más competencia.

Considero que la idea no es realzar la condición de prostituta/o, sino dignificar a la mujer o al hombre que lo es. Se trata de un trabajo que debería respetarse como cualquier otro, siempre y cuando no dañe o perjudique a otras personas. ¿Hasta qué punto estamos cubiertos por el velo de moralidad que nos han impuesto? Por otra parte, las parejas no deberían sentirse amenazadas por la existencia de quienes mercadean con su cuerpo. Si su relación es satisfactoria y lo suficientemente placentera no debería haber riesgo de una “infidelidad” sexual; pero si sucediera, habría que revisar las causas que lo originaron y no achacárselas a quien prestó el servicio sexual.

La verdad dudo que la prostitución deje de practicarse con o sin la legalización de la misma, por lo que no encuentro razones realmente importantes para que no se deba legalizar. Pienso que es hora de ver las cosas distinto, actuar diferente y darle un tinte más humano al dejar de estigmatizar. Tan sencillo como “vivir y dejar vivir”.

Por cierto, nunca más estuve con una prostituta, aquello sólo formó parte de mis experiencias de adolescente. Mis gustos han cambiado y no necesito de servicios de ese tipo para satisfacer mis necesidades sexuales. Pero considero a quienes sí lo desean y necesitan (sea cual sea la razón), sobre todo respeto a las prostitutas y prostitutos, que por simple convicción ejercen algo más que una labor social para una buena parte de la población mundial.

Escrito por: Rafael Baralt

martes, 10 de abril de 2012

La Sexualidad es más que Genitalidad

La OMS define la sexualidad humana como "un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida, que abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la orientación sexual y la reproducción, que se manifiesta a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, roles y relaciones interpersonales. La sexualidad puede incluir todas estas dimensiones, aunque no todas se vivencien o se expresen, y está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales”.


Tema complejo este de la SEXUALIDAD y, por asociación, el de resultar sexy ante el espejo o ante los demás. Pobre de quien sigue creyendo que los genitales, o la sociedad, o Dios, determinan la preferencia sexual en un animal o en un humano. Nuestra sexualidad es un complejo multifactorial que une características físicas, psicológicas y emocionales con aprendizajes, aportes y presiones del entorno, deviniendo en una conducta personal asociada fundamentalmente con el placer y con la seguridad. Como toda conducta, la sexual puede variar en orientación o en intensidad. Hasta hace poco la sexualidad se definió como instintiva, lo que fue base de las teorías y normas sociales que establecieron la forma natural y no natural de la sexualidad, según estuviese dirigida o no hacia la procreación. Este aprendizaje tradicional del colectivo sigue ignorando que los mamíferos más desarrollados presentan un comportamiento sexual diferenciado, que incluye la homosexualidad (registrada en más de 1500 especies animales) y muchas variantes de la masturbación y de la violación. Tal realidad en la Naturaleza fundamenta el reenfoque que está haciendo la Psicología moderna, al plantear que la sexualidad puede aprenderse, porque no está sujeta únicamente al instinto orientado a preservar la especie. Desde un punto de vista inteligente con base científica, cada persona tiene su propio modo de situarse en un punto de la dualidad hombre-mujer que genéticamente origina la existencia humana, y el derecho de expresarse sexualmente a través de roles adaptativos definidos por su búsqueda personal de la felicidad, incluyendo el asexual.

La sexualidad es un sistema apoyado sobre otros cuatro sistemas también complejos: El físico (que abarca el genotipo o sexo genético y el fenotipo o sexo visible); el erotismo (capacidad de sentir y hacer sentir deseo, excitación, placer y orgasmo); la vinculación afectiva (capacidad de amar y de enamorarse, estableciendo interacciones personales significativas) y el instinto reproductor (capacidad de tener hijos y criarlos, más los sentimientos y conductas propios de la maternidad y paternidad). El género sexual comprende el grado en que se vivencia la pertenencia a lo masculino o femenino, con todas las construcciones mentales y conductuales asociadas. Más que el instinto, la interacción entre género, vinculación afectiva y erotismo es lo que define la orientación sexual del individuo, primariamente dividida en homosexualidad, heterosexualidad y bisexualidad.

El menor de edad que es orientado desde temprano para que acepte su sexualidad y la de otros, crece siendo más capaz de aceptarse integralmente y de cuidar lo que representan sus genitales y sus inclinaciones naturales y aprendidas, y tiene mayores posibilidades de vivir feliz. El adulto satisfecho de su sexualidad, por otra parte, será más libre al sentir placer y al buscarlo, generando un ambiente de cercanía afectiva y sexual con la pareja y un clima social más funcional, que a su vez repercutirá en el mejoramiento de las actividades personales, familiares, laborales y cívicas. Sobre esta base es que frecuentemente se asocian sexo y amor, se crean y mantienen vínculos sociales y afectivos, surgen patrones de identificación con grupos y subculturas, se sostiene la conciencia de la propia personalidad y el hecho de vivir cobra sentido. Muchas creencias confieren dimensión religiosa o espiritual al acto sexual (por ejemplo, Osho lo enaltece y la iglesia cristiana lo asocia en la mayoría de los casos con pecado), mientras otros ven en él una vía para mejorar o perder la salud mental, física y emocional, todo lo cual reconoce tácitamente la multiplicidad de factores que conforman la sexualidad. Obviamente, el sexo también se vincula con problemas, tales como homofobia, pedofilia, violencia contra la mujer, desigualdad sexual, prostitución, prejuicios, ataques religiosos, discriminación, etc. En la vinculación afectiva disfuncional se encuentran las relaciones de amor/odio, la violencia en la pareja, los miedos y la inseguridad, los celos y el control del otro. El erotismo da lugar a problemas tales como las disfunciones sexuales o las enfermedades de transmisión sexual. En cuanto a la problemática asociada con el instinto reproductor, destacan el descontrol de la natalidad, el machismo, la violencia, la pobreza creciente, el abuso y maltrato infantil o el abandono de los hijos. Estos problemas, entre otros, aumentan con el tiempo y con la sobrepoblación e inciden en áreas aparentemente ajenas al tema del sexo, como la seguridad, la justicia, el estrés colectivo, la publicidad, la religión, la legislación o el deterioro del planeta.

Los Derechos Sexuales Humanos incluyen el derecho a la libertad sexual, el derecho a la autonomía, integridad y seguridad sexuales del cuerpo, el derecho a la privacidad y equidad sexual, el derecho al placer sexual y a la expresión sexual emocional, el derecho a la libre asociación sexual con otra persona, a disponer del conocimiento científico pertinente, a tomar decisiones reproductivas libres y responsables, a la educación sexual integral y a la salud sexual, todo lo cual traza letra a letra la palabra RESPETO, la cual va mucho más allá que el hecho de ser tolerante con alguien de sexualidad distinta. En la medida que estos Derechos sean reconocidos, ejercidos y respetados, tendremos sociedades menos hipócritas y más sanas a nivel civil, moral, económico, físico, mental y sexual. Cuando la sexualidad requiere de la práctica frecuente de cierta conducta, se originan las parafilias. Muchas se dan de mutuo acuerdo entre adultos sin producir daño personal o social, por lo que no procede estigmatizar a quien vive y actúa de acuerdo a su preferencia sin perjudicar a otros, como sucede en la mayoría de los casos con la masturbación, la homosexualidad o la gerontofilia. ¿O es que no cuenta el daño humano ocasionado por quienes no las practican?.

En lo personal, sostengo que la persona que se define exclusivamente desde su sexualidad y fundamenta toda su vida y conducta social sobre ésta, desdeñando las otras áreas, facetas y valores de su existencia humana, se limita de manera irracional, se auto-discrimina y generalmente emite juicios de valor sin valor hacia quienes avalan o atacan la creencia o conducta sexual que usa para definirse a sí misma. Opino también que cualquier ser humano que juzgue o discrimine a otro por su sexo u orientación sexual, demuestra estar tristemente limitado por su escasez de miras, de información o de intelecto, vista la enorme complejidad del tema. Defiendo la lucha de las minorías por alcanzar igualdad legal en materia de derechos humanos, en tanto la persona no se excluya, dañe o irrespete a sí misma o a otras cuando actúa a favor de la causa que defiende. Siempre he encontrado de mal gusto el comportamiento de quienes ventilan su intimidad sexual o emocional de manera impositiva, exhibicionista o agresiva ante las demás personas, sean gay, feministas, heterosexuales, machos vernáculos o lo que sean, por la misma razón que muchos elogian la discreción a cualquier nivel. Y como me repugna el fanatismo de cualquier tipo, deploro el gran número de personas que parecieran estar definidas por un pene, una vulva o un trasero, un criterio o un punto de vista únicos, un ambiente social que excluye a los demás, una fe o creencia que ataca a todas las otras, un afán político o materialista que las priva de razón y de decencia. Con razón este pequeño planeta ya resulta insuficiente para una Humanidad que se multiplica exponencialmente, pero que también requiere crecer mental, afectiva y espiritualmente, sea cual sea la dirección que elija seguir cada célula humana, con tal que no dañe a sus semejantes ni al entorno común.

Escrito por: Gustavo Lobig