
Es realmente lamentable que todo esto se lo debamos a esas falsas creencias que nos han enseñado desde niños, impuestas sobre todo por
Para poner un poco más en relieve
el asunto de las creencias inculcadas basta con repasar el ritual del
matrimonio eclesiástico, el cual contempla en una de sus líneas: “Yo, (fulanit@), te recibo a ti, (fulanit@),
como espos@ y me entrego a ti y prometo serte
fiel en la prosperidad y en la adversidad…”. Esta ceremonia se realiza
con la promesa de que esa relación será bendecida por la Iglesia y por el mismo
Dios. No obstante, esa misma religión sostiene que se estaría cometiendo
infidelidad, y por lo tanto pecado, si uno de los dos viera intencionalmente más
de una vez a otra persona que le atraiga, ya sea porque le parezca interesante
o por su físico. Es más, ni siquiera se está permitido tener pensamientos con
otra persona que no sea su cónyuge. En consecuencia todos los matrimonios (al
menos los católicos) estarían faltando constantemente a su promesa “divina”
ante Dios y en menor o mayor manera acumulando culpa.
Es evidente que he venido
tratando el tema de la fidelidad sin entrar en la materialización de la
infidelidad (eso será tratado en otro artículo de este Blog), sino como esa
imposición religiosa que ya no tiene vigencia, si es que alguna vez la tuvo, y
que ha dejado de tener sentido hoy en día.
La fidelidad ha de tratarse como
un acuerdo entre dos personas de mantenerse unidas, respetarse y amarse; pero
nunca ignorar el hecho de que, ante todo, somos seres humanos, con instintos aún
primitivos, que vivimos en una sociedad consumista situada por el culto al
cuerpo y al sexo. Ignorarlo es un error en el que caen muchas parejas, especialmente
los casados. Además, algunas personas tienen más desarrollado el sentido visual
que el auditivo o el kinestésico ¿Qué tiene de malo ver concientemente y que
nos vean?, al contrario, eso enaltece el ego y reafirma nuestra autoestima, por
ende seremos mejores personas con nosotros mismos y con nuestra pareja. Por
ello, sería más honesto permitirnos sentir “la tentación” por otra persona y no
verlo como un pecado que será castigado. Quizá la causa de tantos divorcios en
la actualidad sea por ese sentimiento de culpa al reprimir esa parte humana.
Este artículo en ningún momento
es una incitación a la promiscuidad o a cometer adulterio, eso estará en la
conciencia de cada quien. Más bien es una invitación a que veamos objetivamente
esos mensajes que las religiones se han encargado de inculcar para crear miedo
y culpa. En la medida que seamos más fieles con nuestro sentir humano, más
auténticos y dejemos que fluya sin ataduras impuestas, lo seremos en la misma
medida con quien amamos sin limitaciones.
Escrito por: Rafael Baralt