“Como
todo niño latinoamericano, donde el machismo es visto como una virtud, fui
convidado por mis amigos a ir a un burdel para ‘estrenar’ mi hombría con una
mujer de la ‘mala vida’. Tan sólo tenía quince años, fue una noche saliendo de
una fiesta. Estábamos algo embriagados, y yo muy emocionado. Entramos al lugar
con identificaciones falsas (todos menores de edad), nos sentamos en la barra,
se nos acercaron unas chicas bien exuberantes (una para cada uno), fijamos la
tarifa y …”
Esta historia (mi historia) es la de muchos
otros hombres que pasaron por esa experiencia que bien podría catalogarse como
“normal”. Recuerdo además que mis mayores me aconsejaban que era mejor hacerlo
con una puta la primera vez. La verdad no sé si fue lo mejor, pero tampoco fue
la última vez. Lo tengo en mi memoria como algo vago y nada trascendente, pero
aún no logro borrar la cara de aquella mujer, la que me inició. Era bonita,
delicada y olía a lavanda frutal. No me pasaba por la mente que había estado
con miles de hombres antes que yo. Hoy en día la veo diferente, pero no a la
experiencia, sino a ella: mi primera prostituta.
Es mucho lo que habría que decir sobre el
oficio más antiguo del mundo. Algunos apoyan la prostitución, otros la encuentran
repugnante. Pero lo que me motiva a escribir este texto es cuestionar la
legalidad de la misma, en otras palabras, ¿debería ser legal? Es importante
mencionar que la prostitución no es exclusiva de las mujeres, muchos hombres se
han sumado al lucrativo ejercicio. Hoy en día es usual ver anuncios de estos
profesionales en la sección de clasificados ofreciendo sus servicios de
“masajistas” tanto a mujeres solas, hombres o parejas.
Haciendo un poco de historia, quizá la
prostituta más conocida de que se tenga referencia –aunque no se tenga
evidencia de ello- fue la pobre María Magdalena (para algunos una santa, para otros una gran pecadora). El hecho es
que cualquier indicio de humanización de Jesús de Nazaret ha sido minimizado u
opacado por la divinidad que sus apóstoles y seguidores le confieren, por lo
que fue necesario condenar a esta mujer como la provocadora de los instintos
carnales del “hijo de dios”. La verdad no pienso perder tiempo especulando
sobre las intenciones que tuvo esta mujer, ni Jesús, ya con los evangelios
tenemos suficientes contradicciones sobre el tema. Lo cierto es que gracias a ese
mito se comenzó a ver la prostitución como algo pecaminoso, lascivo, demoníaco,
etc.; estigmatizándola hasta la época actual en la gran mayoría de los países.
Si bien es cierto que muchas mujeres
comenzaron a prostituirse por necesidad económica, también lo es que podrían
dejar de hacerlo cuando esta situación mejore, consigan otro tipo de ingreso o
simplemente lo deseen. Algún idealista o religioso diría que ”podrían conseguir
un trabajo más digno”; en ese caso comenzaría por preguntarles qué significa
“digno” para ellos, pues muchas prostitutas son más dignas que cualquier
político encorbatado o que un pastor de congregación religiosa. También hay
quienes la ejercen por convicción y les gusta lo que hacen. Sin embargo, en
todos los casos el acto se realiza por consentimiento mutuo, previa fijación de
una tarifa, y para beneficio de ambas partes.
Entonces, si nos quitamos el manto de “moralistas
de iglesia”, entendiéndolo como nuestra capacidad para juzgar según nuestras
creencias sobre “el bien y el mal” dogmático, podríamos esgrimir sobre las
posiciones y/o razones que algunos sostienen para la no legalización de
la prostitución:
1. La
legalización / despenalización de la prostitución es un regalo para los
proxenetas, los traficantes y la industria del sexo.
¿Un regalo?, precisamente los proxenetas y
traficantes existen por la falta de protección legal que tienen las
prostitutas, pues muchas tienen que acudir a ellos para ampararse del maltrato
a que podrían ser expuestas en las calles. El problema se presenta cuando éstas
se hacen víctimas de estos inescrupulosos que se lucran de ello. En todo caso,
la ley tampoco los ampara, ni ahora ni con la legalización. Por otra parte, acerca
que es un “regalo” para la industria del sexo, ¿algún problema con eso?
2. La
legalización / despenalización de la prostitución y de la industria del sexo
promueve el tráfico sexual.
Esto sólo pone de manifiesto la incapacidad
de algunos países e instituciones para impedir y combatir la trata de personas.
La legalización de la prostitución no puede ser una excusa para hacer cumplir
la ley contra el tráfico humano. La proliferación de mujeres de países del
tercer mundo en países desarrollados es sólo el reflejo de la falta de
controles de tráfico de personas, y ello seguiría sucediendo con o sin la
despenalización de la prostitución.
3. La
legalización / despenalización de la prostitución no supone un control de la
industria del sexo. La expande.
Eso depende, ¿es que acaso no se puede
legalizar la prostitución a la par de controlar su industria? Además, este
argumento tiene un trasfondo moralista que trata de hacer ver la prostitución
como algo malo, pecaminoso y execrable. Ahora bien, referente a la palabra
“industria”, es obvio que los seres humanos buscamos el lucro a costa de casi
cualquier cosa. Los conservadores sostienen que con la legalización serían más
rentables “otras formas de explotación sexual”, tales como: el strip-tease, los
centros de esclavitud y disciplina, los sex shops, los juguetes eróticos y la
pornografía. En este sentido, pienso que cualquier industria se mantiene y
justifica porque existe un mercado; siempre habrá quienes consuman estos
productos y/o servicios y es el mismo cliente quien elige usarlos o comprarlos;
nadie los obliga.
4. La
legalización / despenalización de la prostitución aumenta la prostitución
clandestina, ilegal y la prostitución de la calle.
Este argumento se cae por sí solo: Si se
legaliza dejaría de ser “clandestina” o “ilegal”. Sobre la prostitución en la
calle, pues allí entrarían las leyes que regulen cómo y dónde pueden
practicarlo, pero legalmente.
5. La
legalización de la prostitución y la despenalización de la industria del sexo
promueve la prostitución infantil.
Aquí se aplica lo mismo que planteé en el
punto dos. Adicionalmente, la legalización de la prostitución debe contemplar
regulaciones elementales de: edad mínima, condición de salud, nacionalidad,
etc. Eso es más que lógico.
6. La
legalización / despenalización de la prostitución no protege a las mujeres que
están en la prostitución.
Otro argumento bastante insubstancial y
absurdo, se supone que la legalización debería protegerlas, así como también contar
con el amparo de las organizaciones de DDHH en todo el mundo (si es que sirven
para algo).
7. La
legalización / despenalización de la prostitución aumenta la demanda de la
prostitución. Incentiva a los hombres a comprar a las mujeres por sexo en un
entorno social más permisible y de mayor aceptabilidad.
Esto parece redactado por un cura bastante
mojigato. ¿Y es que acaso el hombre ha dejado de sentir impulsos sexuales
dentro de entornos pocos permisibles y de menor aceptabilidad? Además, el
hombre no “compra a las mujeres”, paga por un servicio en común acuerdo con
ésta.
8. La
legalización / despenalización de la prostitución no promueve una mejora de la
salud de las mujeres.
El dicho popular dice “todo en exceso es
malo”, yo agregaría: hasta el sexo. Pero, ¿quién obliga a quién a hacerlo y con
qué frecuencia? Decir que “no mejora” la salud de las mujeres afirma que éstas
ya son insanas. Conozco prostitutas mucho más sanas que cualquier mujer con
poca actividad sexual. Creo que más deterioro produce el celibato, inclusive daño
mental. Ahora bien, si se tratara con dignidad a las prostitutas existieran
organismos que fomenten la prevención de enfermedades, pero la despenalización
por sí sola no implica “promover” condiciones de salud.
9. La
legalización / despenalización de la prostitución no aumenta las posibilidades
de elección de las mujeres.
Al contrario, las aumenta. Al tener más
posibilidades de ejercer podrían exigir, y por ende escoger a quien ofrecer sus
servicios. Precisamente la no legalización induce a que tengan que conformarse
con los clientes que cometen la “ilegalidad” junto con ellas.
10. Las
mujeres que están dentro de la prostitución no quieren que se legalice o
despenalice la industria del sexo.
Esta es la perla final, quisiera conocer
alguna prostituta que no desee trabajar legalmente dentro del país donde se
encuentre. Pregúntenle a un inmigrante ilegal si no desearía vivir con
tranquilidad jurídica y poder trabajar en el país donde decidió vivir. Por la
única razón que veo que alguna prostituta no esté de acuerdo sería porque
tendría más competencia.

Considero que la idea no es realzar la
condición de prostituta/o, sino dignificar a la mujer o al hombre que lo es. Se
trata de un trabajo que debería respetarse como cualquier otro, siempre y cuando
no dañe o perjudique a otras personas. ¿Hasta qué punto estamos cubiertos por
el velo de moralidad que nos han impuesto? Por otra parte, las parejas no
deberían sentirse amenazadas por la existencia de quienes mercadean con
su cuerpo. Si su relación es satisfactoria y lo suficientemente placentera no
debería haber riesgo de una “infidelidad” sexual; pero si sucediera, habría que
revisar las causas que lo originaron y no achacárselas a quien prestó el
servicio sexual.
La verdad dudo que la prostitución deje de
practicarse con o sin la legalización de la misma, por lo que no encuentro
razones realmente importantes para que no se deba legalizar. Pienso que es hora
de ver las cosas distinto, actuar diferente y darle un tinte más humano al
dejar de estigmatizar. Tan sencillo como “vivir y dejar vivir”.
Por cierto, nunca más estuve con una
prostituta, aquello sólo formó parte de mis experiencias de adolescente. Mis
gustos han cambiado y no necesito de servicios de ese tipo para satisfacer mis
necesidades sexuales. Pero considero a quienes sí lo desean y necesitan (sea
cual sea la razón), sobre todo respeto a las prostitutas y prostitutos, que por
simple convicción ejercen algo más que una labor social para una buena parte de
la población mundial.
Escrito por: Rafael Baralt