sábado, 26 de octubre de 2013

A lo mero macho religioso

"Por el buen orden de la familia humana, unos han de ser gobernados por otros más sabios que ellos; por ende, la mujer, más débil en cuanto a vigor de alma y fuerza corporal, está sujeta por naturaleza al hombre, en quien la razón predomina. El padre tiene que ser más amado que la madre y merece mayor respeto porque su participación en la concepción es activa y la de la madre simplemente pasiva y material."
San Agustín de Hipona
(Santo, Padre y Doctor de la Iglesia Católica)

Nos guste o no, pertenecemos a una sociedad donde es evidente el predominio del hombre sobre la mujer, aunque tengan los mismos derechos. El desequilibrio entre los géneros ha sido una cualidad tan común que se ha permeado en la crianza y educación formal, hasta formar parte de nuestras tradiciones y costumbres. Pero, ¿cómo se originó tal disparidad?, ¿qué hace que en la actualidad se siga viendo a la mujer como un ser inferior al hombre?, ¿por qué la mayoría de los hombres y mujeres toleran este desbalance social y cultural?

Más allá de las limitaciones de índole corporal, hay tareas que se han ajustado de acuerdo al sexo y condición física. No obstante, la importancia de cada actividad no debe medirse por el grado de fuerza requerida sino por su aporte a la sociedad. Es decir, no es menos importante tejer un abrigo que taladrar una acera. Si bien una actividad requiere de mayor fuerza física, ambas son importantes, necesarias e inclusive dependientes unas de otras.

Lamentablemente existen los extremos: el machismo –es su más básica acepción– es el conjunto de creencias, costumbres y actitudes que sostienen que el hombre es superior a la mujer en inteligencia, fuerza y capacidad. Por más ridículo que esto parezca, existen millones de individuos de ambos sexos que avalan y promueven esta retrógrada ideología. Ahora bien, no es menester de este artículo degradar las actitudes asociadas al machismo como la homofobia, heterosexismo, discriminación, sometimiento, maltrato a la mujer, violencia doméstica, etc. Ni tampoco aupar el feminismo, que a mi parecer es el extremo opuesto del machismo. Más bien, quisiera adentrarme en las posibles causas de esta conducta tan presente en nuestra cultura latina.

Precisamente, no es coincidencia que en los países con mayor arraigo religioso se ponga más en evidencia el comportamiento machista. Como bien decía el escritor peruano y Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, "es un problema muy arraigado en América Latina”. Remarcó, además, que el machismo se observa en buena parte del mundo, aunque en Latinoamérica se da con una mayor crudeza y brutalidad que en las sociedades más avanzadas donde se disimula mucho.

Entonces, ¿existe alguna relación entre religión y machismo en cualquiera de sus manifestaciones? La respuesta es SÍ, como era de esperarse. Hace unos meses acompañé a un amigo a una ceremonia judía en una sinagoga. Forzosamente tuve que usar el kipá para entrar al recinto lleno de varones. En los balcones laterales del lugar, apartadas, se encontraban las mujeres. La razón: las mujeres son impuras y deben mantenerse alejadas de los hombres en recintos sagrados. En el judaísmo las mujeres ultrarreligiosas deben cubrirse el pelo con peluca (cosa tan absurda) y ocultar sus piernas, no hace falta explicar las razones (son obvias). Por su parte, el islamismo tiene tradiciones que palpan lo sangriento como apedrear a los homosexuales y a las mujeres infieles (lo cual no sucede con los hombres «machos» que sí pueden tener varias mujeres). El Corán ordena claramente: Manteneos apartados de las mujeres durante la menstruación, y no os acerquéis a ellas hasta que queden limpias; y cuando queden limpias, id a ellas como Dios os ha ordenado(Sura 222). Pero el premio mayor –quizás porque nos toca más de cerca– se lo lleva la religión católica. Hasta hace muy poco (alrededor de los años 60/70) las mujeres no podían entrar a una iglesia sin velo para no incitar a los hombres y por respeto a dios. La participación de la mujer moderna en el seno de la iglesia es prácticamente nula, como siempre ha sido en la tradición eclesiástica. Ni siquiera son tomadas en cuenta en los cónclaves para elegir al Papa. Tampoco es de extrañar que no existan sacerdotes ni cardenales mujeres, ni ninguna con una posición de importancia en la toma de decisiones en el Vaticano (En este punto no nombro a símbolos como las santas, ya que estas fueron reconocidas después de muertas; o la Virgen María, cuyo “mérito” fue haber dado a luz –¿sin pecado concebida?– al “hombre” «hijo del mismo dios», quien nunca dejó instrucciones para que se construyeran templos en su nombre). Adicionalmente, existen muchas referencias machistas en la Biblia, por ejemplo:

“A la mujer dijo (Dios): Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolores darás a luz a los hijos, y tu deseo será para tu marido y él se enseñoreará de ti” Génesis 3:17

“Habla a los hijos de Israel y diles: La mujer cuando conciba y dé luz a un varón, será inmunda 7 días.... Y si diera luz a una niña, será inmunda dos semanas..." Levítico 12: 1-2

"Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos. Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón."  Pedro 3:1

"Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice”.  Corintios 14: 34-35

“Si resultase verdad que no se halló virginidad en la joven, entonces la sacaran y la apedrearan los hombres de la ciudad, y morirá..." Deuteronomio 22:21

Después de estas perlas bíblicas, escritas a lo mero macho, se puede explicar el éxito del machismo en nuestra cultura influenciada por el catolicismo. No abundan los creyentes de esta religión que cuestionen los preceptos de su libro sagrado; al contrario, aceptan o dan por sentado que el hombre predomina sobre la mujer, ya que es palabra de dios (por cierto, un dios hombre). Mientras estas religiones ortodoxas sigan influyendo de manera negativa en sus seguidores se hará más difícil acabar con el machismo. La buena noticia es que cada vez somos más los que abrimos los ojos y nos atrevemos a ver más allá de las creencias impuestas a través de los años. La senda del librepensamiento va ganando simpatizantes, pues los derechos y la auténtica igualdad entre las personas –sin importar su sexo o elección sexual– debería ser una premisa universal.


Escrito por: Rafael Baralt

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